La Organización Mundial de la Salud prevé que para 2030 los problemas de salud mental serán la principal causa de incapacidad en el mundo. Un mundo donde más de 1.300 millones de personas son católicas y muchas de ellas necesitarán atención psicológica. Mercedes Vallenilla es psicóloga y es católica, y ofrece una respuesta a esta situación. Lo hace a través de Mindove, plataforma de psicología católica integral, que dirige con su hijo.
La doctora Mercedes Vallenilla habla y trabaja desde la experiencia porque sabe lo que es pasar por una crisis de fe, la enfermedad y el sufrimiento diario. Cuenta con más de tres décadas de experiencia como psicóloga católica, uniendo dos conceptos que en su época parecían del todo contradictorios y que, sin embargo, ayudan a sanar mentes y corazones.
—Psicología católica, ¿es que los católicos necesitamos una psicología específica?
—Definitivamente. La explicación es algo más general. Para cualquier persona que tenga un sistema de creencias de religiones politeístas o monoteístas, el proceso terapéutico va a ser más eficaz y eficiente si el terapeuta comparte el mismo sistema de creencias, en nuestro caso, el católico.
Por eso lo de psicología católica integral. Nosotros tratamos al ser humano abarcando todos los aspectos de la persona: biológico, psicológico, social y espiritual.
—¿Los católicos no sabemos que podemos ir al psicólogo para resolver nuestras crisis?
—La problemática de nuestro contexto es la siguiente: yo soy católico, pero por el divorcio histórico de ciencia y fe, tengo un poco de lío al ir al terapeuta porque creo que me va a hablar de corrientes que no son cristianas y no me va a entender. Existe ese miedo.
Por otro lado, me está fallando la fe para resolver la crisis psico-emocional por la que paso y siento mucha culpa. El cristiano de a pie reza más, busca el guía espiritual, va más a misa y se confiesa una y otra vez porque se siente culpable por una cosa que ni siquiera es pecado. Sentirte deprimido o desorganizado por un evento traumático no es pecado, es la revelación de determinados factores de la humanidad y la reacción humana y biológica ante el dolor.
Trata de resolverlo espiritualizándolo, centrando la solución en lo espiritual y despreciando lo psicológico y lo físico. Se convence de que su problema no tiene solución y esto para mí es un engaño del rey de la mentira que, finalmente, aleja el alma de Dios.
Casos reales
—Un ejemplo para comprender de qué estamos hablando.
—Si un joven va a tres cursos sobre Teología del Cuerpo porque tiene un desorden afectivo, pero aun así sigue con relaciones antes del matrimonio, no consigue dejar la masturbación —un problema súper común— y no entiende que eso no es una falla de la fe, sino que tiene ansiedad y no sabe controlar su impulso sexual ni gestionarlo porque trae una herida afectiva, ¿qué hace?
Piensa que no puede vivir su fe y deja de ir a misa y de confesarse, claudica porque ya le da reparo ir todas las semanas con el mismo sacerdote a decirle que volvió a caer.

Esto no es un problema religioso—espiritual, es un problema humano. Ahí es donde yo digo que está el drama porque no estamos sabiendo acompañar a los jóvenes, les damos respuestas teológicas que ya conocen, pero no estamos dando una solución terapéutica integral. Lo sé porque el 90% de mi consulta son jóvenes de 20 a 35 años.
—Sin embargo, siempre hemos escuchado que “la vida es un valle de lágrimas” y tenemos que cargar con nuestra cruz…
—Uno de los mayores errores es resignarse y conformarse. La resignación surge porque no hemos ofrecido una solución adecuada y esa es, precisamente, la razón de ser de Mindove.
Las adicciones no se resuelven única y exclusivamente rezando el rosario, en las adicciones hay un cambio en la estructura psíquica y biológica del cerebro y hay que tratarlas con una metodología. Y eso es complementario a tu vida de fe. Te aseguro que yo rezo por mis pacientes todos los santos días.
Mira, yo tengo 17 cirugías encima, vivo en dolor todos los días, me tomo 23 pastillas al día, hay cinco cirugías pendientes que no me quiero hacer porque podría morir y yo soy la mujer más feliz del mundo, volvería a vivir todo igualito. Yo vivo en felicidad porque Dios no solo nos dio su promesa, sino que la cumplió.
El Antiguo Testamento es la promesa, el Nuevo Testamento es cumplimiento de su promesa: vamos a ser felices aquí y en la vida eterna, porque si no creyéramos en eso, entonces la resurrección no tendría sentido.
—Habla desde la experiencia por lo que veo.
—Sí, he pasado dos veces por una depresión y a los 25 años me diagnosticaron una enfermedad incurable. Fue cuando migré de Venezuela a Filipinas para ser misionera junto a mi marido y a mi hijo de un año.
Yo estaba convencida de que Dios me había llamado a ser misionera por mi fortaleza física ya que era muy deportista y estaba completamente sana. Allí me diagnostican el síndrome de Sheehan, producido por una negligencia médica en el parto (que fue en Venezuela). Esto me sumió en una depresión, estaba muy enfadada con Dios.
Mi fe me falló, no entendía cómo era posible que yo hubiese dejado una vida acomodada en Venezuela y de repente no pudiese hacer misión de la manera en la que yo tenía pensada.
Desde la experiencia
—¿Le ayudó su formación como psicóloga en ese momento?
—Tengo que decir que fue mi marido el que consiguió que empezara a remontar. Un día que yo estaba muy enfadada y le contesté mal me dijo: “el dolor te está robando el amor”.
A partir de ese momento, me puse a los pies de la Virgen de Guadalupe (había una imagen en la parroquia de Manila) pude aceptar mi situación, mi enfermedad y empecé a buscar, a leer obras de teología para saber cómo salir de mi crisis, pero no encontré a nadie que hablara desde la experiencia.
Entonces comencé a resolver mi crisis yo sola, guiada por el Espíritu Santo, que me ponía delante los libros y textos que debía leer.
Nos trasladamos a México, empiezo a dar testimonio y me encuentro con mujeres que sufren dentro de la Iglesia y que no han resuelto sus crisis. Veo que mi testimonio, unido a mi formación, les ayuda y empiezo a ver la misión para la que he sido llamada y por la que sigo viva más de diez años después de aquel diagnóstico.
—Sin embargo, usted no se presentaba como psicóloga…
—No, yo acudía como asesora de la parroquia, como profesional de cambio de imagen, branding… Ejercía mi profesión, pero siempre camuflada. Fue apenas hace quince años cuando salió todo a la luz y empecé con la psicología católica integral, por lo que te digo: vi que era muy necesario y que era la misión que Dios había puesto en mí, es lo que me pidió.

Con 40 años quería jubilarme y disfrutar de la vida sin preocupaciones, seguía enferma y en una intervención casi muero. Pero mis hijos, un año después de tomar yo la decisión de descansar de todo, me dijeron que no estaba siendo yo misma, que siempre me había preocupado por los demás y que debía seguir haciéndolo.
Me molestó bastante, pero me puse a orar y ahí fue cuando tuve la inspiración de hacer un gabinete psicológico online. Primero fue por teléfono; era para lo que me había capacitado durante muchos años a través de un call center que brindaba ayuda psicológica en México y que ganó premios a nivel nacional.
Una diferencia
—Y llegó Mindove…
—Sí, contando con las pruebas piloto, llevamos unos cinco años de andadura. Mi hijo mayor es mi socio, co-fundador y director de Mindove. Nuestra diferencia con las demás plataformas, católicas o no, es que nosotros no la tenemos abierta a cualquier psicólogo. Cuidamos mucho la calidad del servicio.
Los veinte psicólogos que actualmente tenemos en activo fueron reclutados en un proceso que duró seis meses de entre 453 candidatos de 22 países. Fue un proceso súper estricto en el que nosotros medimos cuatro variables. La más importante para nosotros era el sistema de creencias y la corriente de psicología. Esos veinte psicólogos ya llevan dos años trabajando con nosotros.
—¿Cómo funciona Mindove?
—Para acceder hay que entrar en www.mindove.org y en la pestaña de “psicólogos”, el usuario puede seleccionar el motivo por el que necesita un psicólogo y se le ofrecerán una serie de profesionales, cada uno con una descripción. Ahí puede seleccionar el que desee. Puede ver un video de presentación del profesional elegido. Lo hicimos así porque mucha gente decía que me conocía solo por ver mis vídeos. No me conocían, simplemente empatizaron conmigo.
Además, nuestra plataforma tiene los más altos estándares de tecnología. Nuestros datos están encriptados, no se pueden hackear, por lo que las consultas son extremadamente seguras y fiables.
—Entre los jóvenes, ¿hay más problemas de salud mental que antes o es que ahora salen más a la luz?
—Hay más problemas de salud mental y es más complejo atenderlos. Antes llegaba el adicto a la droga. Ahora es adicto a la droga, alcohólico, también promiscuo sexual… es todo más accesible debido a la tecnología.
Por ejemplo, es muy sencillo encontrarse con una pareja sexual allá donde vayas, lo cual acaba siendo un verdadero problema. Es mucho más fácil acceder a los vicios. Eso no lo teníamos en mi época y se nota. Definitivamente hay más enfermedades. Pero también veo algo positivo: hay más conciencia en los jóvenes de la necesidad de salud mental.
—¿Por culpa de las redes sociales?
—Sí, en las redes se habla mucho de salud mental, pero también han abonado el desorden porque hay muchas personas con muchos seguidores que se presentan como psicólogos y no lo son. Porque eso de “diez pasos para que dejes tu adicción a las drogas” no existe, no es verdad, no puedes resolver con un click tus problemas de salud mental.
—¿Cuál es el mayor problema de salud mental con el que llegan sus pacientes?
—Como digo, son problemas complejos y mixtos, pero quizá los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos son el top. También acuden muchísimos con dependencias afectivas. Y los problemas de la afectividad llevan a la promiscuidad sexual, lo que se traduce en crisis en el matrimonio porque las heridas que cada uno lleva no han sido curadas, por lo que ofrecemos también terapia de pareja.