Un nuevo hito en el camino a los altares de la reina Isabel la Católica: el arzobispo de Méjico muestra su apoyo a la causa

Isabel la Católica. Luis de Madrazo (Museo del Prado)

La reunión del cardenal Carlos Aguiar, obispo auxiliar, el agustino de origen español Francisco Javier Acero y el secretario ejecutivo de la Conferencia Episcopal de Méjico, P. Eduardo Aguilar con la comisión de la Causa de Beatificación de Isabel la Católica y su posterior visita a su tumba en Granada suponen un espaldarazo al proceso y el reconocimiento de la labor que la reina hizo por la defensa de los derechos humanos de los pueblos indígenas.


Cuand en el siglo pasado se inició desde la diócesis de Valladolid el proceso de beatificación de la reina Isabel la Católica, uno de los elementos que despertaban más dudas por la posible oposición que podía encontrar la causa era el de las reivindicaciones de los indigenistas mesoamericanos.

En las últimas semanas, la visita del arzobispo de Méjico, cardenal Carlos Aguiar Retes, junto con su obispo auxiliar, el agustino monseñor Francisco Javier Acero, y el secretario ejecutivo de la Conferencia Episcopal de Méjico, P. Eduardo Aguilar, a la Comisión de la Causa de Beatificación de la Reina Isabel la Católica, en el Centro de espiritualidad de la Archidiócesis de Valladolid pone de manifiesto que la iglesia mejicana comprende el papel fundamental de la reina en la consolidación de derechos de los puelbos.

               En la reunión estuvo presente el arzobispo de Valladolid, y presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello García, junto con el director de la Comisión de la Causa, el sacerdote vallisoletano José Luis Rubio Willen, y número importante de los miembros de la Comisión.

Monseñor Carlos Aguiar señaló que, desde hace tiempo, después de haber estudiado a fondo varios escritos sobre la Reina Isabel, “tengo una convicción clara sobre la raíz de la santidad de vida de la Reina y sobre la necesidad de que esa santidad sea conocida”. Y se refirió de manera específica a los términos de protección de los derechos establecidos por la Reina en la Real Célula de 1503 donde establecía “que los naturales de las nuevas tierras tuvieran los mismos derechos que los habitantes de las ciudades de España fue un acontecimiento histórico, así como el reconocer que todo ser humano debe ser un hermano para el otro”.  

El cardenal Aguiar afirmó también que “tenemos interés en la Causa de Isabel, en que sean bien conocidos los datos fundamentales de su vida y de su espiritualidad. Es necesario dar tiempo para que los rasgos característicos de esta Reina en las decisiones importantes para América sean reconocidos por todos”.

Más aún, recalcó que en estos momentos de polarización y lo que llamó “de políticas agotadas, tanto en toda América como en otros lugares, que no hacen lo que el pueblo necesita, promover la Causa de la Reina Isabel significa promover la causa de una mujer, política, que trabajó por el bien de su pueblo, por lo que su pueblo necesitaba, en un lado y en otro del Atlántico”.

En sentido parecido, monseñor Argüello destacaba que “en el momento cultural en el que estamos, el mestizaje significa un desafío de coloquio con quienes se conocen. La causa de Isabel puede contribuir a un nuevo abrazo entre las Iglesias de España y de América, vinculadas a un propósito común y a una misión de anunciar el Evangelio”.

Entrevistado recientemente en Ecclesia al día, en TreceTV, por Raquel Caldas, Juan Carlos Domínguez Naafría, uno de los miembros de la comisión del proceso de Beatificación, resaltaba la figura de Isabel la Católica como el de la mujer más relevante de la historia, después de la Virgen María.

Hacía hincapié en que, junto a la parte más conocida de la defensa de los derechos humanos, la reina había mostrado a lo largo de toda su vida un fe inquebrantable y una piedad que le movieron a extender el Evangelio por las tierras descubiertas por Colón, no con un afán de conquista sino, al contrario, para llevar a Cristo a los que no habían tenido la fortuna de conocerlo.

Un largo proceso de canonización

El camino de Isabel hacia la santidad comenzó formalmente en 1958 en la archidiócesis de Valladolid. Tras décadas de exhaustiva investigación documental, la causa recibió el Nihil Obstat y fue trasladada a Roma. Actualmente, Isabel ostenta el título de Sierva de Dios.

A pesar de que en 1991 la Secretaría de Estado del Vaticano sugirió una pausa por “prudencia pastoral” —debido a las sensibilidades políticas y el contexto histórico de la expulsión de los judíos—, los últimos informes confirman que el proceso no está bloqueado. Monseñor Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española, ha reafirmado recientemente que el Dicasterio para las Causas de los Santos sigue evaluando la documentación. Incluso se ha mencionado la existencia de presuntos milagros bajo estudio médico, lo que sitúa a la soberana a un paso de la beatificación, quedando solo pendiente la decisión final del Papa.

Entrevista a Luis Argüello sobre el proceso actual


Isabel: una católica que dio la vida por la defensa de los Derechos Humanos

Uno de los pilares fundamentales que sostienen la causa de canonización de Isabel no es solo su piedad personal, sino su revolucionaria visión ética sobre la dignidad humana. A menudo se la describe como la precursora de los Derechos Humanos, una afirmación basada en hechos históricos que transformaron el concepto de justicia en el Nuevo Mundo.

1. La prohibición de la esclavitud (1500)

Mientras que el mundo de finales del siglo XV aún aceptaba la esclavitud como una norma económica y social, Isabel rompió este paradigma. En la Real Provisión del 20 de junio de 1500, la Reina prohibió expresamente la esclavitud de los indígenas americanos, ordenando que los enviados por Colón fueran liberados y devueltos a sus tierras como “vasallos libres” de la Corona de Castilla. Este acto jurídico es considerado el primer gran precedente de la abolición de la esclavitud en la era moderna. La voluntad de la Reina era clara, si bien algunos de los hombres que llegaron a América no cumplieron con su deseo de proteger y defender a la población nativa. Pero el mal comportamiento de esas personas no puede empañar el firme deseo de la Reina.

2. El testamento de 1504: un mandato de dignidad

En su lecho de muerte, Isabel dejó plasmada su voluntad en un Codicilo al Testamento que es piedra angular del derecho de gentes. En él, instaba a sus sucesores a no permitir que los indios sufrieran agravio alguno en sus personas o bienes, y que fueran tratados con justicia y amor. Este documento sentó las bases de las futuras Leyes de Indias, que regularían la protección de los nativos.

3. El reconocimiento de la igualdad ontológica

Frente a las dudas de algunos intelectuales de la época sobre la naturaleza de los habitantes de América, Isabel mantuvo siempre que eran seres humanos con alma, iguales ante Dios. Esta convicción permitió el surgimiento de la Escuela de Salamanca con figuras como Francisco de Vitoria, quienes desarrollaron formalmente el concepto de Derecho Internacional basándose en la visión de la Reina.


Una lectura para comprender mejor a Isabel la Católica

Isabel de España

William Th. Walsh

En el V Centenario de la muerte de Isabel la Católica, reeditamos la extraordinaria historia de esta reina tal y como se desarrolló a ojos de sus contemporáneos y en el sangriento marco de su época. Una figura que suscita miradas de admiración… pero también de debate histórico.

Para comprender la Historia e interpretarla correctamente, es necesario conocer todas las circunstancias que rodean los hechos y penetrar en la mentalidad de sus protagonistas, entendiendo su escala de valores y sus ideales. No debemos aplicar a una época pasada nuestros criterios actuales. Se trata de un relato tan dramático, tan fascinante, que no necesita ser embellecido ni completado por los conocimientos de otros tiempos. En la corrompida corte de Enrique IV, Isabel y su hermano menor Alfonso supieron mantenerse incontaminados, aunque la reina doña Juana, intentó que siguieran las malas costumbres imperantes. Muerto Enrique IV, Isabel, a los veintitrés años, recibió la Corona castellana para reinar sobre un pueblo empobrecido, con una nobleza díscola y acostumbrada a prescindir de la autoridad real. Las aventuras de Isabel y las románticas circunstancias que rodearon su matrimonio con Fernando, hijo de Juan II de Aragón, han inspirado más de una obra literaria. Fue éste un enlace en el que se fundieron venturosamente el amor y la razón de Estado.

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