“Amar a manos llenas, a cántaros, a cada uno, a todos y a cualquiera, como la lluvia generosa y ciega, que cae sobre los techos y los campos”. Con estos versos, que él mismo escribió a los 14 años, se presenta Alejandro G. Roemmers, escritor, empresario y amigo del Papa Francisco.
Alejandro Roemmers es uno de esos hombres del Renacimiento. Escritor, dramaturgo, guionista, empresario, filántropo y amante de la vida. Agradecemos que haya tenido un momento para recibir a Mundo Cristiano en medio de su apretada agenda. Lo hace en su casa de Madrid, en Puerta de Hierro. La casa está casi vacía: “acaba de adquirirla”, comenta uno de sus asistentes mientras le esperamos. Sin embargo, sobre la mesa del comedor se yergue hierático el Premio de la Concordia y los Derechos Humanos que le acaba de ser concedido hace unos meses por su labor humanitaria. Nos ofrece una exquisita limonada casera abriéndose a una charla distendida, llena de anécdotas. Al final tenemos tiempo para tomar algunas fotografías en su jardín.
Conocido en su Argentina natal como “el poeta de la Esperanza”, Roemmers hace hincapié en la importancia de amar sin distinciones. “Si de algo estoy orgulloso de mí mismo es de haber predicado desde joven la fraternidad, la paz, el amor y sobre todo cierta ingenuidad infantil, pues pese a toda la maldad e hipocresía que me he encontrado en el mundo sigo apostando porque el ser humano es capaz de lo mejor”. Es precisamente este sentimiento el que supo ver la Pontificia Universidad Antonianum cuando hace un año le reconoció con el Premio San Francisco de Asís.
Con un currículum casi inabarcable, va desde novelista a productor audiovisual, ha recibido numerosos premios y ha emprendido iniciativas como el Abrazo Fraternal en Asís.
En su faceta de escritor, ha explorado el tema de las energías en su libro Vivir se escribe en presente. Y de aquellas experiencias se nutre también su primera novela, El regreso del joven príncipe, cuyo éxito editorial –logró la venta de más de tres millones de ejemplares– ha hecho que vuelva este mismo año con una continuación, El joven príncipe señala el camino, explorando nuevos caminos para la búsqueda de la amistad y las relaciones, a veces tan complicadas, entre jóvenes y adultos.
Una definición
—¿Qué importancia tiene la Fe en su trayectoria profesional y vital?
—Digamos que yo tenía una fe convencional, heredada de mi padre y la educación secundaria, que fue en una escuela católica. Pero era una fe que a uno le viene trasmitida, en esa época uno pensaba que es mejor creer que no creer porque creyendo al menos hay esperanza. ¿Qué bien te puede hacer negar a Dios? No tiene sentido.
Pero todo eso es muy diferente a cuando realmente lo sientes y cuando se llega la bendición de poder tener algunas experiencias espirituales que sí me han dado prueba de que hay una energía superior con la cual podemos entrar en contacto.
—¿Cuál diría que fue el momento en que se le reveló esa fe, digamos, auténtica?
—A mí me llegó por la Virgen de Lourdes pasados los cuarenta años. A raíz de una visita a un santuario de Lourdes que hay en la Argentina, en la provincia de Córdoba, en una ciudad que se llama Alta Gracia. Sucedieron una serie de hechos que me dieron una certeza de esta comunicación especial que verdaderamente existe.
Vi que la vida tenía sentido, que por algún motivo esta energía de amor o divinidad me estaba dando pruebas de que lo podía todo. Y que por algún motivo le interesábamos nosotros. Ahí es cuando realmente me comprometí a transmitir la fe.
Una experiencia inexplicable
—Podría contarnos alguna de esas experiencias…
—Bueno, tampoco querría convertir este tipo de entrevista en un relato de mis experiencias místicas… Pero justamente allí, en Alta Gracia, tuve la oportunidad de colaborar para que se pintara la iglesia del santuario. Para ello, tuvieron que mover la escultura de la Virgen, que estaba como en un nicho, y ponerla en un costado. Esa misma noche, el sacerdote a cargo ve que está iluminada la iglesia, piensa que los pintores se dejaron la luz prendida y sube a apagarla… Y de golpe ve que no era la luz, sino que en el nicho donde estaba la escultura había una imagen de la Virgen toda iluminada. Y esto se puede ver hasta el día de hoy. Tal es así que dejaron la escultura a un lado para dejar el nicho iluminado.
—Se puede decir que vivió su primer hecho inexplicable.
—A ellos les pareció algo asombroso y a mí, a partir de entonces, me empezaron a suceder cosas mucho más asombrosas. Lo más importante para que te ocurra un milagro es estar abierto a que suceda, porque si no, no los ves. El primero me llegó después de hojear un libro que se llama Un curso de milagros, donde explica que los milagros son posibles desde el lado de la ciencia. Habla de la energía cuántica y de la posibilidad de que la fe sea capaz de intervenir con nuestra propia energía.
—¿Cómo le ayuda la Fe a superar sus problemas?
—La Fe es toda la ayuda. Lo más importante para llevar una vida productiva, esto lo digo en el inicio del Joven príncipe…, es aceptarse uno mismo y perdonar a los demás. A partir de ese punto uno puede empezar a construir. Y para ello la Fe es clave. Yo, por ejemplo, en toda la etapa de mi adolescencia tuve que dejar mi país por amenazas de la guerrilla, y estuve muy solo. Mi refugio fueron Jesús y la poesía. La poesía como reflejo de todo lo que puede ser la belleza y Jesús como ejemplo, fue lo que me sostuvo. Así nació el desafío que trata de seguir toda mi vida: convertirme en la mejor persona posible.
Roemmers humanitario
—¿Con qué criterio escoge los proyectos con los que colabora?
—Mi filosofía a la hora de ayudar se basa en lo que viene dado. Yo no tengo posibilidad de ir a Calcuta y encontrarme con un millón de pobrecitos. Pero sí puedo ayudar o tratar de ayudar a todos los que se cruzan en mi camino. Me baso en aquello que relataba la parábola del maestro y la estrella de mar. “No puedes salvarlas a todas, tu esfuerzo no tiene sentido”, decía el joven. “Para esta sí ha tenido sentido”, respondía el maestro. Así que los proyectos con los que colaboro son los que me llegan, siempre trato de ayudar de alguna forma. Es muy raro que yo le diga “no” a alguien que me pida ayuda.
—¿Hay algún proyecto del que se sienta más orgulloso o esté más identificado?
—En general, todos… Uno que tenemos en Mozambique es muy lindo. Era una tierra árida, se envió a gente especializada y se está convirtiendo aquello en una granja enorme, cada vez más, donde no ya sólo se alimentan ellos, sino que pueden vender y subsistir por sí mismos. Del poquito que yo pude dar se están beneficiando cada vez más personas.
Economía empoderativa
—¿Eso es a lo que usted se refiere como economía empoderativa?
—Efectivamente, lo hicimos también en un barrio del norte de Argentina que se llama San Francisco, en Jujuy, donde ya hemos ayudado a quinientas personas. Por eso te decía: “bueno, ¡ya son quinientas personas! Con que cambies a uno…”. Imagínate el impacto tan grande que tiene en esas personas.
Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de ayudar, no siempre con dinero. Yo tengo dos ahijados que se involucraron por completo en este proyecto. Fueron allí a ayudar, se enamoraron de la comunidad y se quedaron allí a vivir.
—Usted habla de ecología humana. ¿Qué es y de qué manera puede ayudarnos como sociedad?
—Nosotros fuimos pioneros en hablar de ecología, cuando la gente ni se planteaba el cambio climático. ¡Íbamos a esquiar a Bariloche y fuimos los únicos a los que se les ocurrió poner unas bolsas de basura, la gente tiraba todo al suelo! Los franciscanos me lo reconocieron y soy Doctor Honoris Causa en Filosofía y Ecología Integral.
La ecología humana es básica. ¿De qué sirve cuidar toda la casa si el habitante de la casa va a destruir todo? Es absurdo lo que estamos haciendo. Nos ocupamos del clima para que luego venga un tipo y lo destroce. Todo el planeta es energía y debemos cuidar la energía del habitante más poderoso de la Tierra, que es el ser humano. Tenemos que encargarnos y ayudar antes a los seres humanos, para que las plantas, los animales y la naturaleza puedan vivir. Esto para mí es fundamental, el Papa también lo tiene claro. Lo primero de lo que se ocupó como Papa fueron los emigrantes…
Alejandro se emociona, parece que es uno de sus temas favoritos. Pero llevamos casi una hora de conversación. Nos despedimos con ganas de más. Antes de acabar tomamos las fotografías. Ahí, una vez más, Alejandro Roemmers vuelve al abrazo. Es su seña de identidad.
Filántropo, escritor, empresario
Alejandro Guillermo Roemmers (Buenos Aires, 1958), empresario y escritor, dentro de la empresa familiar –Laboratorios Roemmers–, ha sido precursor en la introducción de los conceptos de ética, responsabilidad social empresarial, desarrollo sustentable y espiritualidad en el ámbito de trabajo. Es precisamente la labor humana la que ha llenado su currículum, más allá de los éxitos empresariales y literarios.
Y es su carácter espiritual lo que marcó su primera novela, El regreso del joven príncipe, editada por Planeta-Zenith, que vendió más de tres millones ejemplares. Acaba de presentar una continuación bajo el título El Joven Príncipe señala el camino.
Su carrera literaria se inició con la poesía. Ha recibido varios galardones, incluyendo el Premio Miguel Hernández (2009). La pluma de Roemmers también incluye su labor como productor y guionista de contenidos audiovisuales. Es el creador del musical Franciscus, sobre San Francisco de Asís.
Colabora con proyectos de inclusión y asistencia humanitaria, de diferentes entidades como UNICEF o Médicos Sin Fronteras o iniciativas religiosas. Así, la labor humanitaria del Fray Jorge Bender en Mozambique, la cruzada del Padre Doñoro en el hogar Nazareth en el Amazonas peruano o la asistencia alimentaria en las periferias más pobres de Argentina.
Es mecenas de artistas, museos y espacios de arte y cultura. Protector de la educación a través de becas de estudio para niños de periferias.
Roemmers creó el Abrazo Universal por la fraternidad, y que se celebró el 30 de abril de 2023, en Asís, y posteriormente, este año, en el Vaticano, junto al Papa Francisco, y varios Premios Nobel de la Paz y distintos diplomáticos y jóvenes de multitud de religiones y etnias.
El abrazo de la fraternidad
Una de las iniciativas más llamativas de Alejandro Rommers es su conocido Abrazo de la Fraternidad, que empezó hace más de un año en Asís y que ha culminado hace unos meses en el Vaticano, acompañado de todos los Premios Nobel de la Paz vivos. “El abrazo, como gesto en sí, es terapéutico, hay una explicación médica por la cual el abrazo ayuda a sentirse mejor, lo mismo que reírse”, explica. “De hecho, si a un chiquito recién nacido no lo tocas, se muere. Pero más allá de todo eso, la idea viene por San Francisco. Él se abrazaba mucho con sus monjes y cuando me dieron el Premio San Francisco lo quise celebrar con este abrazo, mostrando esta hermandad y fraternidad con jóvenes de todo el mundo”, relata emocionado sobre el origen de su iniciativa.
“En ese primer abrazo ya estuvo el cardenal Gambetti de la Fundación Vaticana Fratelli Tutti, que es quien ha hecho posible repetir este abrazo en Roma, alrededor de la cúpula de San Pedro”.
Allí, en el Vaticano, tuvo un papel indispensable Su Santidad el Papa Francisco, unido a Alejandro por una amistad que viene de lejos, desde su Argentina natal, donde ya se carteaban. “¡Me sorprendió la casualidad de que escogiera el nombre de Francisco, que ha sido siempre mi santo!”, exclama Roemmers.