Navarra, tierra de peculiares templos fortaleza

Hubo más de cien bastiones defensivos, de los cuales quedan singulares edificios en una ruta que tiene a Olite como centro neurálgico
Castillo de Olite

Dos Juanas y dos Felipes, ambos conocidos con el sobrenombre de “el Hermoso”. Juana I de Navarra, casada con Felipe IV de Francia, y Juana I de Castilla, “la Loca”, casada con Felipe I de Castilla. Más de dos siglos separan a estas dos parejas de reyes españoles. La historia de los segundos es más conocida; a La Loca, que también fue reina de Navarra, muerta en Tordesillas después de un encierro de 46 años, le rodea la leyenda y el mito. De la primera (1273-1305) hay menos datos, si bien su hacer en Navarra no ha pasado desapercibido. Se la consideró mujer inteligente, enérgica y piadosa. Vivió su espiritualidad de la mano de la orden franciscana, a la cual pertenecía su confesor. Se casó a los 11 años; su marido tenía 16. Formaron un matrimonio sólido: tuvieron siete hijos y, cuando Juana murió, Felipe renunció a volverse a casar.
De esta pareja real hay constancia gráfica en la iglesia fortaleza de San Saturnino, en la localidad navarra de Artajona. Construida a principios del siglo XIV, durante el reinado de Juana y Felipe de Navarra, ambos aparecen representados en el tímpano de la portada occidental arrodillados ante el santo titular. Le dan las gracias por haber intervenido, con su predicación, en la expulsión de los paganos de aquellas tierras.
La de Artajona es una de las iglesias fortaleza más singulares de la zona media de Navarra, que en tan solo 18 kilómetros aglutina joyas arquitectónicas en torno a la ruta de los castillos y fortalezas. Son los que se construyeron a lo largo de los primeros siglos de la historia del reino, testigos de guerras, batallas y conspiraciones. Hay constancia de que la región contó con más un centenar de bastiones defensivos, y el de Artajona es uno de los más populares y mejor conservados. Aparte de la iglesia de San Saturnino, del llamado Cerco de Artajona se conservan nueve de las catorce torres y dos portales de la fortaleza originaria acorazada del siglo XI.
Las iglesias de esta ruta formaban parte del entramado defensivo de la ciudad. En la de Artajona, por ejemplo, la nave hizo las veces de calabozo, la sacristía de cárcel y la torre fue puesto de vigía.
Muy evidente resulta también el caso de Ujué, un pequeño conjunto monumental de casas en una colina organizadas en torno al santuario de Santa María, en el punto más alto. El templo, dedicado a la Virgen de Ujué, fue construido por iniciativa del rey Sancho Ramírez en 1090. Con aspecto de fortaleza medieval por sus torres almenadas, pasos de ronda y contrafuertes, una de las joyas de este templo es la portada sur del siglo XIV, una obra maestra del gótico presidida por una Adoración de los Magos.
En su interior destaca la imagen de la Virgen de Ujué, forrada de plata y protagonista, cada 8 de septiembre, de una romería multitudinaria desde los pueblos de alrededor. Según la tradición, la talla fue encontrada por un pastor en el hueco de una roca después de haber visto salir a una paloma de su interior. Junto a la imagen, en una arqueta, se encuentra el corazón momificado del rey Carlos II de Navarra, que le fue devoto fiel hasta su muerte.

Olite, una referencia

Fue su hijo Carlos III de Navarra el que se fijó en Olite, el punto neurálgico de la zona media navarra. Junto a su esposa Leonor de Trastámara ordenaron la construcción del Castillo-Palacio Real en 1402, sobre los restos de una antigua fortaleza romana. El proyecto, completado en tan solo 22 años, incluía siete torres, una muralla, jardines y una decoración rica y opulenta a la que poco acostumbrados estaban en aquella época.
Pese a su aspecto, nunca se pensó como fortaleza defensiva; para eso estaban las de Ujué y otros tantos pueblos de alrededor. Más bien fue lugar de residencia y descanso para los reyes de Navarra. Cuando el primitivo palacio real se les quedó pequeño, construyeron el Palacio Nuevo, hoy Parador de Turismo.
Dispersas por el territorio navarro se construyeron, entre los siglos X y XI, torres de vigilancia y señales que servían para conectar los castillos cercanos y que formaban parte del sistema defensivo del reino. De esa época es la torre, construida sobre roca viva, que con el tiempo dio lugar al castillo de Javier, lugar donde nació san Francisco Javier, misionero, jesuita, patrón de Navarra, amigo de San Ignacio de Loyola.
Conserva sus estructuras defensivas, como troneras y saeteras. Además, desde la planta de la torre se accede a la capilla del Santo Cristo. En ella se puede ver el Cristo de Javier, un crucificado conocido como el “Cristo sonriente” por su sonrisa en el rostro. Se trata de una imagen gótica del siglo XVI tallada en nogal que, según cuenta la tradición, sudó sangre cuando el santo agonizaba.
Otra de las torres que se puede visitar en la actualidad es la Torre Palaciana de Olcoz. Nacida también como torre de vigía en el siglo XII, fue reformada con la actual estructura en el siglo XV. Fue destruida durante la Guerra de la Independencia, a comienzos del siglo XIX. Tropas españolas prendieron fuego al edificio, en el que se habían concitado los franceses. Solo quedaron las cuatro paredes. Actualmente restaurada, la torre es sede administrativa del Consejo de Olcoz, centro de interpretación del románico y espacio para exposiciones temporales.
Como curiosidad, se puede visitar también el castillo palacio de Marcilla, del siglo XV, en el que, según cuenta la leyenda, se guardó la espada del Cid, la Tizona. Asimismo, y en especial para las familias con niños, hay un juego de geocaching por la ruta de castillos y fortalezas de Navarra. Cuenta con 19 hitos donde hay escondidas 16 cajas con juegos de pistas que se deberán descifrar para descubrir un tesoro. Cuando se logra, se recibe un diploma de “Conquistador de castillos”.

Compartir:

Otros artículos de interés

Redescubrir Notre Dame

La catedral de París reabrirá este año, el 8 de diciembre, tras unos ingentes trabajos de reconstrucción

Reconstrucción de Fort Bravo en Almería.

España, destino de película

La reconstrucción del mítico fuerte Betterville junto al cementerio de Sad Hill, dos de las localizaciones burgalesas de la película El bueno, el feo y el malo, y el Minihollywood almeriense de Tabernas, orientan el foco a escenarios de multitud de rodajes