El objetivo del juego es completar un jardín de tréboles numérico de cuatro filas y cuatro columnas.
Los componentes son cuatro conjuntos de fichas de trébol, cada uno con su propio color, numeradas del 1 al 20, y cuatro tableros de muy buena calidad.
La preparación es rápida: se reparten los tableros y se colocan las fichas de trébol boca abajo en el centro de la mesa. A continuación, cada uno coge al azar cuatro fichas y las coloca en la diagonal de la matriz 4×4 (si hay dos números iguales se deberá reemplazar por otro distinto). En el turno cada jugador deberá realizar una de dos acciones posibles: coger un trébol que esté boca abajo o uno que esté boca arriba; o bien, reemplazar un trébol de la matriz por otro que se haya cogido, dejando el primero boca arriba en el centro de la mesa.
La clave de la partida está en las reglas de colocación de los números: siempre tiene que ser de modo ascendente, de izquierda a derecha y de arriba abajo, pero no tiene que ser de modo consecutivo. Así, se van desarrollando los turnos hasta que alguien sea el primero en completar su jardín, y ganar la partida.
Juego sencillo, rápido de sacar a mesa, con unas mecánicas fáciles de entender. Además, tiene modo solitario donde hay que resolver 40 retos que van aumentando en dificultad.
Hay una expansión que añade un quinto jugador. Ideal para jugar en familia.

Radiografía del matrimonio en España: ¿por qué hemos dejado de creer en el amor?
En las últimas décadas, la institución del matrimonio en España ha experimentado una metamorfosis tan profunda que los datos de hoy resultarían irreconocibles para una pareja de los años 80. El paso natural de la mayoría de la población a lo largo de buena parte de la historia –casarse y formar una familia– es ya solo una de las opciones. Hay factores económicos, sociológicos, religiosos y uno que late tras todos ellos: pocas personas creen en el amor para siempre. ¿Qué ha pasado?


