La India: los problemas que plantea el otro gigante asiático

Seiscientos millones de indios respaldan al primer ministro Modi, que ha implantado una política nacionalista
El preisidente Modi celebrando su victoria en las pasadas elecciones del pasado junio.

El año 2024 podría denominarse «el año electoral». Una buena parte del mundo pasará por las urnas: Rusia, la UE y muchos de sus estados miembro, EE. UU., Ucrania (debería), Turquía (municipales) o Reino Unido, entre otros muchos. En la democracia más grande del planeta, unos 642 millones de indios (alrededor del 66% del censo electoral) acudieron a votar. En esta ocasión, no hubo ninguna sorpresa: Narendra Modi seguirá cinco años más como primer ministro, cargo que ocupa desde mayo de 2014. ¿Cuál es el estado de salud de la economía de India? ¿Cómo se sitúa este país en el nuevo escenario mundial?
Aunque todas las encuestas daban a Modi como ganador, la incógnita era saber por cuánto y, sobre todo, cuánta factura le pasarían sus políticas –que algunos tildan de ultranacionalistas–, y en manos de quién tendría que ponerse para lograr una coalición estable de gobierno. Al final del largo proceso electoral, dividido en siete fases entre el 19 de abril y el 1 de junio, el pasado 4 de junio se anunció el resultado: Modi había cosechado otra victoria, aunque más reducida que las dos anteriores. Aun así, es el primer mandatario de su país en disfrutar de un tercer mandato consecutivo desde que lo hiciera Jawaharlal Nehru (1947-64), fundador, junto al Mahatma Gandhi, de la India contemporánea.
Modi consiguió finalmente 292 de los 543 escaños del Lok Sabha -el Parlamento- gracias a una coalición de partidos de derecha y nacionalistas llamada Alianza Democrática Nacional (el Bharatiya Janata Party o BJP).
Enfrente se situó una coalición de centroizquierda, la Alianza Nacional Inclusiva para el Desarrollo de la India, donde se encuentra como elemento aglutinador el Congreso Nacional Indio (CNI), el histórico partido liderado por Gandhi y que fue la punta de lanza de la independencia del país (1947).

Simpatizantes del presidente indio, en las calles de Nueva Delhi.
Simpatizantes del presidente indio, en las calles de Nueva Delhi.


Aun habiendo superado a sus oponentes, Modi ha sufrido un severo retroceso, perdiendo 50 escaños, los mismos que ha ganado su oponente, Mallikarjun Kharge, actual líder del CNI. El otro gran varapalo viene del hecho de que él pensaba pasar de los casi 300 que tenía hasta ahora a los 400, para poder llevar a cabo reformas constitucionales de manera holgada, cosa que no ha conseguido.

Razones del retroceso

¿Por qué ha sufrido tal pérdida comparada con las anteriores elecciones? Parece que los ciudadanos indios tienen buena memoria y recuerdan todo su mandato, no sólo la gestión de los últimos meses. Ya en junio de 2021, el profesor Christophe Jaffrelot, experto en India, publicó un artículo en Le Monde diplomatique en el que venía a afirmar que si “hasta principios de abril, la prensa mundial aplaudía la hazaña del primer ministro indio y su ‘diplomacia de las vacunas’, capaz de rivalizar con China. Ahora, la covid-19 está causando estragos en un país falto de vacunas, medicamentos y oxígeno. Y, por primera vez desde 2014, Narendra Modi está de capa caída”. Y ya han pasado tres años de dicho artículo.
A esa sensación de fracaso, habría que añadirle un extremo nacionalismo, que ha hecho que el país impulse una retórica ideológica –la hindutva– repleta de símbolos de una unidad nacional basada especialmente en la religión, de manera que sólo serían considerados auténticos indios aquellos que profesasen el hinduismo, no el islam o el cristianismo.

Persecución religiosa

De los 1.400 millones de habitantes que tiene la India, unos 200 millones son musulmanes y sólo apenas un 5% (71,1 millones), de religión cristiana. Con la excusa de que son grupos minoritarios, se ha tolerado la persecución contra los cristianos. Según la Lista Mundial de la Persecución 2024 de la ONG “Puertas Abiertas”, India se sitúa en el puesto número 11, pues los seguidores de Cristo sufren una fuerte presión social y cultural, llegando incluso a la tortura o el asesinato. Es realmente triste ver cómo el país de Madre Teresa de Calcuta persigue a sus benefactores.
Hay que señalar que dicha persecución se concentra de manera extrema en 19 de los 28 estados. Según un informe de United Christian Forum, recogido en el diario español El Debate, la discriminación anticristiana ha aumentado en los seis primeros meses de 2024, llegando a registrar unos 161 incidentes. El estado donde más abusos se dan es el de Chhattisgarh (alrededor del 30% de los casos), donde incluso en algunas aldeas se niega a los cristianos el derecho a enterrar a los muertos siguiendo sus ritos.
Otro de los puntos que atacan la libertad religiosa son las “leyes anticonversión”, que alegan querer prevenir el terrorismo yihadista, la importación de wahabismo, o que otras religiones usen la violencia, la coacción o el soborno contra los hindúes más vulnerables. Hasta el momento, sólo 11 de los 28 estados tienen leyes de este tipo, pero con la victoria de Modi se teme que una legislación similar pueda adoptarse para todo el territorio nacional.

Modi en un meeting político previo a las elecciones.
Modi en un meeting político previo a las elecciones.


Si se sigue el modelo de las ya existentes, cualquiera puede acusar a una persona de haber forzado la conversión de otra, de manera que tiene que ser el acusado quien demuestre su inocencia; si no lo consigue, se le podría imponer una pena de entre tres y cinco años de prisión y una multa de 25.000 a 100.000 rupias (313-1.300 euros). Estas leyes también establecen requisitos -bastante estrictos- para legalizar una conversión, hasta el punto de exigir una declaración formal en dos momentos distintos. La archidiócesis católica de Bangalore calificó en un comunicado el contenido de esta Ley de Protección del Derecho a la Libertad de Religión como “amargo, brutal y corrosivo en su naturaleza”.
Los obispos indios han denunciado esta situación reiteradamente. También George Panamthundil, Nuncio en Kazajstán desde julio de 2023, bien conocedor de la pasividad de las autoridades indias ante las flagrantes violaciones de libertad religiosa en su país, en contraste con la situación que se vive en el país centroasiático, que disfruta de un modelo de tolerancia religiosa instalado tanto en el ámbito jurídico como en la práctica social y cultural habitual.

Crisis económica

Modi ha perdido atractivo entre los votantes no sólo por estas leyes que restringen la libertad religiosa, o por el abuso del mensaje religioso hinduista en sus intervenciones, sino también por el elevado número de jóvenes que están en paro y por el incremento de las desigualdades sociales.
Es cierto que el PIB del país ha evolucionado positivamente: de 1.534 millones de euros en 2014, a 2.529 en 2019 y 3.216 en 2022, con una caída de casi un 6% en 2020 debido a la pandemia. Sin embargo, estos datos no deben hacer olvidar que el crecimiento de la población ha podido contribuir sin duda a ello y, además, la distribución de la riqueza no parece haber sido la mejor.

Pieza clave del nuevo mundo

Por otro lado, sus buenos datos macroeconómicos, su facilidad para atraer el capital extranjero, su posesión de armamento nuclear hizo que, entre otros motivos, India fuera incluida hacia el año 2000 en el grupo de los BRICS, el conjunto de países de economías emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Este grupo ha ido tomando peso en la escena internacional y ha buscado conformarse como un bloque que pueda hacer frente al G7 –el grupo de las democracias más prósperas del planeta–, de manera que ya les han superado en datos económicos.
Durante mucho tiempo, su rivalidad o incluso enemistad con Pakistán ha lastrado a la India como posible actor global. Sin embargo, ya han entrado en vías de solucionar –o al menos de congelar— sus diferencias y empezar a cooperar más seriamente.
Hay un acercamiento entre China y la India animado desde Pekín, en una evidente apuesta o bien por no llamar excesivamente la atención en temas militares o bien por sinceros deseos de establecer relaciones de paz y armonía con el vecino indio.
Las disputas fronterizas entre ambos gigantes comenzaron en 1962 en algunos puntos de los 3.500 km. de frontera dibujados en el mapa por el Imperio Británico. Sin embargo, en la llamada Línea de Control Real (LAC) situada por China, la guardia fronteriza no lleva armas de fuego, a fin de evitar que los cruces –intencionados o no– de las patrullas se salden con decenas de fallecidos.
Puede sonar anecdótico, pero la apuesta de China por el soft power, por la influencia cultural, colando mensajes a través del cine, promoviendo una imagen más amable de la República Popular, es evidente.
Buena muestra de ello son la saga de películas de animación de Kung Fu Panda y las protagonizadas por el actor Jackie Chan, considerado todo un “embajador” del régimen chino.
Precisamente, una de sus últimas películas fue Kung Fu Yoga (2017), donde hizo una clara apuesta por la cooperación estrecha entre India y China. La participación de India en la Nueva Ruta de la Seda china es una muestra de esa cooperación.
La guerra de Ucrania ha venido a poner de manifiesto la fragmentación de la globalización, de manera que una parte del mundo girará en torno a EE.UU. y la otra en torno a China. Algunos analistas afirman que el “Sur Global”, ese otro bloque alternativo al “Occidente colectivo” no será liderado en solitario por China, sino que dará mayor protagonismo a los demás actores, dibujando así un mundo más multipolar. Sólo el tiempo dirá si el nuevo mundo es bipolar o no.

India y Rusia

Resulta indicativo cuál ha sido el primer país que ha visitado Modi tras ser reelegido: Rusia, el 8 de julio, poco después de la cumbre de Astaná (Kazajstán, 3-4 de julio). Sobre la mesa estuvo el flujo de petróleo que va de Moscú a terceros países, que India compra con un descuento y revende obteniendo pingües beneficios: el 40% del crudo que llega a Nueva Delhi proviene de Rusia.

Modi visitó Rusia tras ser reelegido. En la imagen, durante la recepción con Vladimir Putin.
Modi visitó Rusia tras ser reelegido. En la imagen, durante la recepción con Vladimir Putin.


Putin y Modi también hablaron de las más de 500.000 toneladas de legumbres rusas que India compra, además de restablecer la importación de trigo ruso, paralizado hace seis años.
En el capítulo militar, Rusia recordó el cumplimiento de un contrato (firmado en 2018) de venta de dos fragatas a India por valor de 2.200 millones de dólares, y que comprende la construcción de cuatro buques de guerra en total. También discutieron sobre un tema más espinoso: el reclutamiento de indios que acaban en el frente ucraniano, algunos de ellos parece que “engañados”; sus familiares llegaron a delatar a auténticas mafias que se lucran con el tráfico de personas.

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