El mes pasado comenté un asunto de legítima defensa. Era el típico caso que invitaba al despotrique sobre lo indefensa que está la gente de bien frente al malhechor: si te defiendes corres el riesgo de que el peso de la ley recaiga sobre ti, no sobre el delincuente. Lo comenté no tanto por el hecho en sí, sino por lo fácil que es despotricar sin especial fundamento; en definitiva, hacerlo de oídas.
Ahora comento otro asunto. Es a propósito de un video que incendió hace unas semanas las redes sociales. Seguro que les suena, así que resumo. Un padre no tuvo mejor idea que colgar en Twitter una foto con su hijo recién nacido. Lo presentaba “en sociedad”, todo orgulloso. Mala idea. Un indeseable lo vio, tuvo otra idea peor e hizo un comentario irónico que rezumaba pedofilia. Logré dar con él y es vomitivo. Va de suyo que el indeseable no conocía de nada al padre: se trata de un homínido que, errabundo por las redes, dio con el tuit, apuntó y disparó, sin más.
Resulta que ese indeseable es un “humorista” y, según leo, ha aparecido en televisión, de segundón de algún otro gracioso. Entrecomillo lo de humorista porque no lo es identificar humor con hacer comentarios faltones, de sal gorda y a costa de los demás. Por tanto, de humorista, poco. Soy de los que piensa que hacer humor es difícil y, además, el buen humorista, aparte de inteligente, logra hacer reír al protagonista.
Lo trágico es que ese indeseable tiene su público porque hace monólogos en antrillos a los que deben ir un puñado de adeptos a reírle las gracias. Total, que el padre del niño vejado se enteró y se presentó en una función, saltó al escenario y le arreó un sopapo entre gritos desafiantes. El “humorista” se agazapó como pudo en un rincón, como toro contra las tablas, herido no de muerte, sino de miedo. Su capacidad defensiva quedó en levantar una pierna para frenar algún puñetazo.
Si reparo en esto es porque me pregunto: un padre, ¿tiene que hacer eso para restablecer el honor de su hijo y para que ese miserable sienta que hay castigo, que hay reacción? ¿Que no pueden salirle gratis las cosas que dice? ¿Que si ofende va a recibir una respuesta?
Desde el mundo de “las cosas como deben ser” me viene a la cabeza una respuesta formal: podría haberle demandado. Sin embargo, eso significa dinero —abogado—, tiempo —un proceso largo— y un resultado impredecible en el que no sería descartable que la sentencia invocase el conjuro de la libertad de expresión, incluso de la “libertad de creación artística”, y esto sería una buena dosis de sal en una herida abierta.
Sigo en las redes las secuelas del altercado y confirmo con desazón lo que he comentado en estas páginas: la polarización que se respira en el ambiente; hay quienes amparan al “humorista”, otros al padre, y ganan por goleada los que le aplauden porque ha hecho muy bien, eso es hacer justicia inmediata, por sí mismo, porque si esperamos que venga de los tribunales, esperaremos un tren que o no llega o llegará tarde. Y esto es un fracaso porque las leyes y los tribunales están precisamente para eso, para que nadie tenga que tomarse la Justicia por su mano.
El hecho que comento es uno de muchos: okupas, los que impunemente hacen lo que les viene en gana a costa de los demás, hurtos sin persecución ni castigo, abusos que no se atajan, etc. En este caso quizás algunos vean justicia poética, la que hace que el indeseable se lleve un inmediato merecido.
Yo veo un fracaso y me van a perdonar pero concluyo diciendo que no tengo soluciones. Les invito a que reflexionemos sobre qué estamos haciendo mal para que el Estado, los poderes públicos, las autoridades no sean capaces de proteger, y eso genere desafección e invite a tomarse la justicia por su mano.
Fake medieval
Mi camino hacia el Occidente asturiano no lo hago por Lugo sino por León. A veces, con buen tiempo, atravieso Pajares, una opción tortuosa pero