Jimena: un año después

El padre de la niña curada en la JMJ de Lisboa cuenta, doce meses después, los pormenores de aquel momento

La historia es bien conocida. Días antes de la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa, en agosto de 2023, la familia de Jimena inició una novena a la Virgen de las Nieves. Le pedían la curación de su hija, prácticamente ciega desde hacía casi tres años. El día 5 de agosto, último día de la novena, Jimena se encontraba en un pequeño pueblo de Portugal, asistía a la Santa Misa. Tras comulgar ocurrió el milagro: la joven comenzó a ver. Allí mismo se puso a leer ante el asombro de sus compañeras y responsables que participaban en la JMJ. Un año después de estos acontecimientos, Mundo Cristiano entrevista a su padre. La familia, lejos de buscar el protagonismo del milagro, centra la mirada en la grandeza de la Virgen, el poder de la fe y la importancia de dar testimonio en la sencillez.
La historia de Jimena estuvo en boca de todos los jóvenes que asistieron a la JMJ de Lisboa hace un año. Una niña ciega se había curado. Jimena sufría desde hacía tres años un espasmo de acomodación, que es, a grandes rasgos, “no controlar el enfoque”, nos explica el padre. Lo normal en las personas que sufren esta enfermedad es de más o menos dos dioptrías; Jimena tenía la oscilación entre catorce y dieciocho. “No es algo que se pueda arreglar con unas gafas. Su campo de visión se redujo al 5%”.


El de Jimena era un caso sin precedentes: “Los médicos que la trataban nos pidieron permiso para enseñar su caso en la universidad, nunca habían visto nada igual”, comenta el padre. Tras mucha prueba y error los médicos decidieron que tenían que operarla. La operación era de riesgo pues, al ser un caso tan particular, entraba en lo desconocido.

Un primer milagro

Con la intervención en el horizonte, la familia organizó una Misa en el colegio de la niña para pedir la curación de Jimena. Ese mismo día, desapareció inexplicablemente su cita de quirófano. “Cuando nos enteramos de que la cita ya no estaba vimos la rendija abierta por la cual podíamos llegar a pensar que se podía curar”.
Fue en una Misa delante de la Virgen del Camino en Pamplona, donde los ojos de la niña, cuyo movimiento no podía controlar, se le pusieron rectos. Ante este acontecimiento, que como dice el padre “para muchos puede sonar como ciencia ficción”, la esperanza de que Jimena se curaría del todo pasó a convertirse de un deseo a una absoluta convicción.

Un salto de fe

Pese a la curación primera, Jimena seguía sin poder ver. Estuvo más de un año y medio afiliada a la ONCE, aprendió Braille y fue adaptando su vida a su nueva condición. Sin embargo, la familia tenía en convencimiento de que Jimena se curaría: “Estábamos llegando a un límite en el que la ONCE también nos decía que deberíamos asumir la posibilidad de que no se curase, que teníamos que actuar en consecuencia y enseñar a la niña a andar con bastón”.
La situación era complicada, pues era momento de tomar pasos importantes en la vida de Jimena. Debía aprender a andar con bastón, comprar un ordenador especial… Sin embargo, dar esos pasos resultaba una gran contradicción cuando su familia le estaba animando a decir que se iba a curar: “Si tú tienes fe no tienes un plan B”, comenta el padre. “No puedes tener fe en Dios y a la vez estar pensando que por si acaso esto no funciona voy a hacer esto otro. El verano de 2023 fue un salto de fe, porque ya teníamos que dar unos pasos importantes con ella. Decidimos confiar durante el verano, no hacer un plan B. Nuestra idea era esperar, rezar e intentar que el Señor o la Virgen nos dijese un poco qué es lo que quería, en lugar de rezar nosotros para lo que queríamos que ocurriese”.

La novena

Durante ese verano, Jimena daba paseos con su padre por la playa hasta llegar a una imagen de la Virgen del Carmen. Fue entonces cuando un día, rezando el rosario, la chica sugirió empezar una novena a la Virgen. Era 27 de julio. “Cuando hice más o menos las cuentas vi que terminaba el 5 de agosto. Pensé que ese día no había ninguna Virgen. Busqué en Google y vimos que era la Virgen de Las Nieves”, afirma el padre.
Pese a no saber mucho sobre esta celebración, la familia lo aceptó como el camino que debían tomar, y juntos decidieron enviar una novena a todos sus conocidos. “Elegimos una novena sencilla, que pudiese rezar todo el mundo, creyentes, no creyentes, personas más piadosas, menos…”. La oración llegó a muchísimas personas. Fue entonces cuando la familia llegó a la convicción de que esa curación iba a suceder, y que pasaría mientras Jimena estaba en la JMJ.
Con la novena rodando por todos los grupos de WhatsApp posibles, se iba acercando el día. “Nosotros teníamos asumido que se iba a curar el día 5. Si das posibilidad a que no se cure, no es un salto en la fe de verdad. La Virgen siempre puede decidir que no se ponga bien, pero en cualquier caso nuestra actitud no puede ser a dos cosas. La noche anterior le dijimos a Jimena que no tuviese miedo, que íbamos a por todas”.

El milagro

Todo sucedió en un pueblo de Portugal, llamado Évora. Jimena asistía a una Misa con otras muchas chicas. Era el último día de la novena. Cuando fue a comulgar se puso a llorar, y al abrir los ojos, podía ver. Allí mismo, con el asombro de ver a sus amigas tres años más mayores, y ante la incredulidad de los asistentes, Jimena se puso a leer. Recuerda su padre: “Nosotros estábamos en el pueblo. Esperábamos su llamada a las doce. No llamó. Luego nos dimos cuenta de que en Portugal es una hora menos. A la hora, efectivamente, cuando estábamos en el coche volviendo a casa nos llamó para darnos la noticia”.

La gran noticia

Como era de esperar, la buena nueva voló rápido. Todos los asistentes de la JMJ conocían la historia. “Una niña española era ciega y ahora puede ver”. Esta frase fue la más repetida durante las horas posteriores al milagro. Los medios de comunicación no tardaron en interesarse. “La noticia llegó en menos de 24 horas a lugares como Australia o Uganda. Para nosotros era importante destruir esa imagen de ‘niña milagro’ que Jimena podía llegar a adoptar. Haber usado la situación para protagonismo propio le habría quitado un poco el altavoz a la Virgen”, explica el padre.
“Pensamos que era importante eliminar todo lo que eran medios que buscaban la noticia del momento. Entendíamos que ella iba a tener que dar un testimonio, que iba a tener que compartir su experiencia interior, pero también entendíamos que tenía que ser cara a cara y con las personas. Llegaron entrevistas que a mí me parecían interesantes -continúa su padre- y ella decidió no hacerlas. Hubo gente más insistente, y hubo gente muy insistente, y aun así ella se mantuvo firme y no las dio. Cuando ya pasó el tiempo, fueron apareciendo peticiones de testimonios personales. Grupos, parroquias, algún obispo, etc.”.
En septiembre, con las aguas más calmadas, Jimena fue al hospital, donde le hicieron todas las pruebas pertinentes y le confirmaron que, efectivamente, su enfermedad había desaparecido. “No hay rastro, no queda nada, ella vuelve a tener su visión normal, que era una leve miopía, la que tenía de pequeña. Está exactamente igual que antes de que le diera la enfermedad” confirma el padre.

Vivir en sencillez

Para la familia, y en especial para Jimena, es importante recalcar que esta gracia que la Virgen le ha concedido no es más que para la Gloria de Cristo y de la Virgen. “Ella tiene mucha devoción y ya había hecho más novenas, invitada por su madre o por alguna amiga. Pero creo que entra dentro del devocionario normal. No es una niña rara en el sentido de no jugar con sus amigas para recitar el rosario. Es una niña normal y corriente. Jimena no es nadie especial, ni más o menos devota que cualquier otra chica católica de su edad”. Ahora da testimonio de su curación, pero centrándose siempre en la fe y en la Madre. Y además, prepara su inicio en la universidad como cualquier otra joven.
El testimonio de Jimena ha llegado al corazón de muchas personas, también no creyentes. Un acontecimiento así es muy impactante, y es normal para quienes no creen que surjan preguntas o haya alguna desconfianza. “La curación de mi hija, de alguna manera, se puede poner en duda. Aun así, cuando la gente me dice esto `del poder de la mente’, yo les pregunto si creen que la ONCE admitiría a alguien que no estuviese ciego”.
La familia es testigo de que la Virgen, a través de Jimena, ha tocado el corazón de muchas personas en el último año. “No es posible que alguien vuelva a creer porque una niña que no conoce ha vuelto a ver. Esas personas que se han acercado a Dios por el testimonio de Jimena, han sentido la caricia de la Virgen, y se han sabido queridos”, concluye el padre.

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