“Benedicto y yo mantuvimos una relación muy profunda y quiero que se sepa, quiero que se conozca sin intermediarios”. Estas palabras del Papa Francisco son el eje sobre el que gira Papa Francisco. El sucesor, un libro entrevista con el pontífice, editado por Planeta y elaborado por quien es considerado con razón uno de los máximos especialistas en información vaticana, Javier Martínez-Brocal, corresponsal de ABC en Roma. En 238 páginas pasa revista a la transición única de un pontificado a otro y la convivencia entre un Papa emérito y otro en ejercicio. Ningún tema difícil queda por responder. En declaraciones a Mundo Cristiano, el periodista explica cómo fue aquella conversación con el Santo Padre.
En la historia reciente de la Iglesia, quizá esta transición de un pontificado a otro y los inicios de Francisco sean uno de los momentos más difíciles. El Papa ha querido detallar cómo fue su fraterna relación con su antecesor. Lo hace con Javier Martínez-Brocal (Granada, 1978), uno de los principales nombres de los vaticanistas actuales, quien ha cubierto los últimos años del pontificado de Juan Pablo II y los de sus sucesores, primero desde la agencia Rome Reports, la agencia privada de mayor prestigio mundial en información sobre la Santa Sede y, desde hace unos años, desde el diario ABC.
Ha escrito anteriormente El Papa de la Misericordia y El Vaticano como nunca te lo habían contado. Recibe a Mundo Cristiano en una cafetería madrileña, con mayor tranquilidad que en la vorágine diaria de la Ciudad Eterna donde reside.

—Me parece que el origen del libro es suyo. Pero… ¿el Papa estaba buscando algo así?
—No sé si lo tenía previsto, pero cuando se lo propuse, me respondió: “Estoy recibiendo muchas solicitudes de entrevistas. Voy a parar durante un tiempo, pero reconozco que tu propuesta es realmente original. Benedicto se merece algo así. Para mí, él fue un padre. No sabes lo que me ayudó en este camino. Pero por ahora no puedo hacerlo. No tengo tiempo, por ahora no puedo. Sigamos hablando”.
Entonces, no es que él buscara la entrevista, pero le gustó la idea, y sintonizó inmediatamente.
Deduzco que el Papa quería escribir este libro. Me parece que lo ve como una especie de antídoto a la polarización. El Papa quería dar su versión de lo que ha pasado.
—Porque, como se refleja en el libro, el trato entre Benedicto y Francisco muchas veces se ha malinterpretado.
—No se ha interpretado correctamente. Benedicto, en ningún momento criticó al Papa Francisco. En ningún momento se dejó manipular o instrumentalizar para atacar a Francisco.
Al Papa actual le impresiona recordar el último encuentro de su antecesor con los cardenales. Llegó el momento de acabar el discurso, y dijo Benedicto XVI: “Entre vosotros está mi sucesor, al que, desde ahora, prometo (esto no estaba escrito, es decir, es una cosa del corazón) mi total obediencia y mi total lealtad”. Y el Papa Francisco me dijo: “Te aseguro que cumplió hasta el final”.
Dos Papas vivos
—La experiencia de dos Papas conviviendo, entonces, no ha sido negativa. ¿No es así? O si ha sido negativa, no ha sido por la actitud de ambos.
—Lo evidente es que, haya sido negativa o positiva, el hecho de que ahora vivamos más tiempo obliga a adaptar el modo de ser Papa a la nueva condición de las personas. Hay que encontrar es un modo para que un Papa emérito conviva con el sucesor.
Hay un detalle importante. Cuando Ratzinger anuncia que quiere renunciar al papado, dice que quiere llamarse “padre Benedicto”, que es súper fuerte, porque es un sacerdote conservando el nombre de Benedicto. Pero le convencen sus colaboradores de pasar a llamarse Papa emérito y ser Romano Pontífice emérito. Y él dice: “Me hubiera gustado, pero no tenía fuerzas suficientes para hacer valer mi opinión”.
Su proyecto de renuncia era una renuncia real y total, donde él conservaba la espiritualidad de su nuevo nombre Benedicto, pero era un sacerdote normal. El Papa Francisco asegura que Benedicto habría querido ser obispo de Roma emérito, pero lo de Papa emérito no funciona.
—¿Por qué?
—Porque hay un sector que opina que el Papa emérito sigue ejerciendo el pontificado, a lo mejor como garante del nuevo pontificado, o como apoyo, o sustento espiritual.
Pero una vez que renuncias, te guste o no te guste el sucesor, tú ya no eres el Papa: no es relevante si te gusta o no.
Respeto al nuevo Papa
—Benedicto, por lo que ha comentado el Papa Francisco, jamás se metió en las tareas de su sucesor.
—Jamás. Fíjate que dice Francisco: “Hay muchas cosas que yo hice y que probablemente Benedicto no estaba de acuerdo, pero no se entrometió”. En el libro entrevista del secretario Gaenswein, se ve que éste le dice al Papa emérito: “esto que hace Francisco no me gusta”, y Benedicto le responde: “Bueno, pero hay que darle el crédito que se merece porque él tiene todos los datos”.
O sea, aunque no estuviera de acuerdo, quien tenía todos los datos para tomar la decisión era el Papa Francisco. Es cierto: no se puede juzgar las decisiones del Santo Padre totalmente desde fuera porque siempre faltan elementos.
—¿Hay algo que aparezca en el libro que no supiese o que le haya sorprendido?
—Hay muchas cosas que no sabía: lo de los cónclaves, la conversación que mantuvieron a puerta cerrada justo cuando había sido elegido Papa… Lo que no había percibido era que cuando Francisco habla de Benedicto se le ilumina la mirada. Es sincero cuando habla del cariño a Benedicto. Al mismo tiempo me ha impresionado la percepción de que lo pasó mal por las maniobras en el entorno de Benedicto, que le hicieron sufrir humanamente.
—Refleja en el libro que las personas del entorno intentaron “encapsular” a Benedicto.
—Sí, eso se veía ya al final del pontificado. Él estaba hiperprotegido, sin mala intención probablemente. Quizá porque era lo habitual en el Vaticano, Benedicto estaba hiperprotegido: se revisaban sus discursos… Él era muy humilde, muy obediente. Hacía lo que la secretaría de Estado consideraba necesario, pero eso a veces lo encorsetaba, le quitaba espontaneidad. Daba la apariencia de ser una persona fría, cuando simplemente era una persona humilde y obediente. Ejercía el papado de un modo muy humilde, obediente con la curia vaticana.
En el momento de la renuncia, sus colaboradores se dan cuenta que algo han hecho mal, que a lo mejor no le han ayudado como habría sido necesario. Que, quizá cuando necesitaba ayuda, ellos estaban moviendo sus opiniones y no intentando hacer lo que el Papa quería, entonces Benedicto acaba un poco agotado. En la búsqueda de un sucesor encuentran a alguien capaz de crear libertad, retomar la libertad del nuevo Papa.
—¿En qué sentido?
—Libertad en el sentido de que la curia esté al servicio de la Iglesia y al servicio del Papa, no el Papa al servicio de la curia.
Como parte de la reforma, por ejemplo, se cambia el dicasterio para la Doctrina de la Fe, que había sido muy importante en la reforma anterior, que se hizo pensando la importancia de recordar la doctrina en un momento en el que quizá había confusión. Ahora pasaba a un segundo lugar porque importa más la evangelización. No es solo necesario que tengamos ideas claras, sino que seamos creíbles y por eso lo primero es la evangelización.
—Algunos se quejan porque el Papa no actúe ante algunos que dicen herejías o errores doctrinales, mientras que otros que son fieles son castigados, aunque a lo mejor atacan la unidad…
—Es importante dar el peso adecuado a cada cosa. No podemos confundir a Dios con la doctrina. La doctrina es muy importante, pero lo es más la caridad con las personas. Defender la doctrina, sí, pero no utilizarla como un ladrillo para atacar a las personas.

El Papa lo que dice es: vamos a reconocer la dignidad intrínseca de cada uno, vamos a explicarle, y luego llegará el momento de que se dé cuenta de lo que no se corresponde con esa dignidad. Pero el punto de partida tiene que ser el estilo de Dios, que es cercanía y misericordia. Proponer la doctrina, pero con ternura, con cercanía y misericordia.
La personalidad de Ratzinger
—Esto nos lleva a volver a la personalidad de Benedicto XVI. Antes ha comentado que quizá daba la impresión de ser un poco frío, pero esto no se corresponde con la realidad en el trato cercano.
—En el uno a uno Benedicto era imbatible. Era una persona muy cariñosa, muy atenta. Cuando era cardenal me acuerdo de su trato con los periodistas: cómo te miraba a los ojos, cómo te atendía, cómo se dejaba desafiar. Pero luego llegó un momento en el que parecía que estaba hiperprotegido. Era una paradoja: era la persona más inteligente de finales del siglo XX y siglo XXI y se le protegía de preguntas normales de periodistas. Al final del pontificado veía menos personas… Eso lo hacían para cuidarlo, por su salud, pero quizá ese modo de hacer le quitó la espontaneidad. Perdió ese elemento de paternidad. Pero en el uno a uno, insisto, era imbatible.
Por ejemplo, cuando se le pregunta a Francisco qué recuerda de sus encuentros con Benedicto, dice: “el buen humor, los chistes”. Eran encuentros muy alegres. Es una pena que quienes estaban a su lado no le dejasen mostrar esa faceta.
—El libro se titula “El sucesor”. El sucesor de Benedicto habla sobre su antecesor. Pero, ¿qué piensa del anterior? ¿Qué piensa Francisco de Juan Pablo II?
—Al Papa le gustó mucho el título porque quien lo lee empieza viéndolo como el sucesor de Benedicto XVI y acaba viéndolo como lo que es, que es el sucesor de Pedro. Por eso el título es muy importante.
De Juan Pablo II habla poco. Explica también cómo Juan Pablo II, de igual modo que Benedicto, sufrió mucho. A ver, ser Papa es ser un mártir. Cualquier Papa va a sufrir mucho, pero desdramatiza el hecho de que haya oposición. En cualquier cargo de gobierno hay oposición y él explica que, igual que Benedicto tuvo resistencia, Juan Pablo II la tuvo y la tiene él.
Juan Pablo II encontró también una resistencia muy dura, lo que pasa es que no había redes sociales.
—¿Qué papel cree que ha jugado cada uno de los últimos Papas en el momento histórico en el que les ha tocado vivir?
—Es importante ver que, cuando los cardenales eligen a un Romano Pontífice, lo eligen pensando en las necesidades de la Iglesia de ese momento. Entonces, cuando eligen a Benedicto —lo explica Francisco— estaban buscando una persona que después de 27 años ayudará a asimilar un pontificado con mensajes que habían tocado muchísimos temas, y en un momento a lo mejor de mayor confusión en la sociedad de relativismo, de mayor despiste intelectual. El Papa Benedicto volvió a dar el norte.
Después de él hace falta un Pontífice que llevara alegría a la Iglesia, a los católicos. O sea que después de hablar de la doctrina, mostrara además el corazón de Dios, el corazón de la Iglesia, o sea que mostrara que la fe católica no es sólo doctrina sino misericordia. No es doctrina para respetar, sino para hacernos mejor.
—¿Ve un cierto hilo de continuidad en los distintos pontificados?
—Claro. Pero para buscar la continuidad hay que pensar en que ellos son los sucesores de Pedro, y se ponen en las sandalias de Pedro y se preguntan cuál es el modo de proponer el cristianismo a los hombres de este tiempo. La continuidad es la misión y cada uno de ellos tiene que proponer el cristianismo a los hombres de su tiempo, que tienen percepciones distintas.
El principal desafío
—¿Y cuál es el principal desafío hoy?
—Creo que el Papa Francisco ve cómo desafío de la sociedad la polarización. La Iglesia está en el mundo y la Iglesia se ha impregnado de polarización y de crispación y hay que explicar que ese no es el camino cristiano.
Hay más polarización que hace años, porque la sociedad nos llama a endurecer las posiciones, pero sobre todo a no escuchar las de los demás. No pasa nada por pensar cosas distintas, se puede trabajar juntos. No se trata de cambiar de opinión sino de ver en la persona que no tiene tus opiniones otra persona, y algo más grande que las opiniones. No limitar la dignidad de esa persona a sus opiniones.
—¿El Papa es consciente de que en ocasiones también a él se le sitúa en un bando? ¿Le preocupa que se le alinee?
—Bueno, estoy interpretándolo: pienso que sí le preocupa, pero no le condiciona. Hay sectores que parece que quieren que el Santo Padre no haga nada por miedo a cómo sean interpretadas sus decisiones. Pero el Papa va un poco más allá y piensa lo que es necesario ahora y va adelante. Si me van a criticar, piensa, el criterio para tomar la decisión no puede ser si me critican o no, sino si esa cosa es justa o no. Esto es duro, y por eso el Papa está solo, porque tiene que tomar decisiones que sabe que no van a gustar.
—¿Qué tiene que decir de la soledad de los Papas?
—Benedicto XVI estaba solo. Hiperprotegido pero solo. Y el Papa Francisco, solo, porque, al final, la responsabilidad de las decisiones recae sobre él, y nunca sabe, cuando habla con un colaborador, si se puede fiar o no, si está moviéndose por sus propios intereses…
—Convivir con su antecesor, ¿le pudo haber mitigado un poco la soledad? Era la única persona en todo el planeta que tiene su misma experiencia.
—Eso lo dice en el prólogo de un libro, que lo que les unía era la experiencia de gobierno. Probablemente sí era un desahogo.
—Se habla de la salud del Papa actual. Recuerda a Juan Pablo II…
—Sí, le estuvieron “matando” del 96 al 2005. Ya en el 96 empiezan a hablar de fin del pontificado.
—¿Hay algún motivo fundado para pensar que Francisco vaya a renunciar?
—Lo cierto es que tiene proyectos de futuro: de viajes, de jubileo, reflexiona sobre la posibilidad de cambiar la ley del cónclave… No es un Papa que mira solo hacia atrás, mira hacia adelante.
En Roma puede pasar de todo, pero ahora mismo no hay en Santa Marta ambiente de renuncia. Si el Papa renunciara sería una sorpresa.
—En cuestiones de salud, ¿su único problema es de movilidad?
—Tiene una salud de una persona de 87 años con una agenda de trabajo enorme. Tiene una salud buenísima para tener 87 años y esa agenda. Está delicado, pero vamos, ya me gustaría mi tener la mitad de energía del Papa Francisco.
—Como periodista, ¿percibe que en el Vaticano cuando sucede algo hay diferentes fuentes dentro del mismo Vaticano que dan las noticias de distinto modo?
—Hay que partir de la verdad. No hay que ser relativistas, pero lo cierto es que cada uno tiene una perspectiva distinta y cada uno te cuenta lo que para él es más importante. El papel del periodista es cribar la información, sabiendo que, por ejemplo, para ti lo más importante es la dignidad humana; para él, lo más importante, la ley de género; y para mí, lo más importante es la extensión del documento. Si das importancia a una u otra, las tres cuestiones son verdad… El papel del periodista es decir qué es lo importante de esto y primar la perspectiva para no dejarse condicionar por una única visión.
Información y críticas
—Parece que en la información vaticana lo que siempre pesa son las críticas.
—No hay que pensar en las críticas al Vaticano sino contar lo que pasa. No puedes hacer periodismo sobre el Papa pensando en contentar a los críticos. Ellos van a seguir criticando aunque recite el Credo de rodillas con los brazos en cruz y en la Plaza de San Pedro. Siempre dirán: “No tenía los brazos suficientemente derechos…”.
No puedes hacer periodismo del Vaticano pensando en contentar, sino contando lo que de verdad pasa. Además, en mi caso, mi público son los lectores de ABC y los espectadores de La Sexta. Tengo que explicarles el Vaticano con sus propias categorías. Mi público no son los cardenales o el Papa Francisco. No escribo para que estén contentos -si lo están, mucho mejor-, pero mi público es otro.
—¿Ha tenido algún retorno por parte del Papa Francisco?
—De algo concreto, no, pero el Papa me dijo una vez: “Gracias. Te pido que hagas tu trabajo bien, aunque eso sea poner en apuros al Papa”. Me parece un gesto de honestidad enorme. Tienes que contar lo que ves: si ves al Papa débil, tienes que contar que está débil. Y corregir cuando te equivocas.
—En el libro se refiere al secretario, monseñor Gänswein…
—Es importante no confundir a Benedicto XVI con su secretario. A Francisco le dolió mucho cómo el secretario de alguna forma instrumentalizó a Benedicto para sus propias críticas, pero apreció mucho cómo D. Georg había cuidado del Papa emérito. Pero le dolió el modo en el que actuó después del fallecimiento y profesionalmente perdió la confianza del Papa y por eso no se le pudo confiar un cargo de responsabilidad.
—¿Cuál es la principal preocupación el Papa ahora?
—La polarización en la sociedad, y también dentro de la Iglesia, en el sentido de la incapacidad de escuchar a personas con visiones. Por eso –esta es mi opinión– está impulsando mucho la sinodalidad.