—Ha montado por cuarta vez la campaña de Navidad de la ACdP. ¿Vale la pena?
—Sí. Siempre es un buen momento para anunciar que Dios ha venido al mundo para salvarnos. Solo por anunciar esto, vale la pena. A los católicos les puede hacer bien ver que en el espacio público alguien les recuerde lo que realmente es importante, y también, a lo mejor, a algunos que viven más alejados, les puede ayudar a descubrir una realidad que desconocían: que hay Uno que ha nacido y que ha muerto por mí. A lo mejor de otra manera no podríamos llegar a esa persona, si no es por las marquesinas.
—¿Los católicos en España estamos un poco adormilados?
—Estamos un poco adormilados, pero no creo que sea una cosa exclusiva ni de España, ni de nuestro tiempo. Quizá sea más acusado ahora, pero es la tentación del cristiano siempre, que es aburguesarse, que es apartar a Dios de la centralidad de la vida familiar, social, personal, y ponerse a uno mismo. Entonces, uno se va adormilando, y aparecen muchas consecuencias. Si uno tiene a Dios muy apartado, raro va a ser que lo anuncie, que vaya a la calle a anunciarlo.
Tantas veces, la vergüenza, los respetos humanos, vienen porque en el fondo uno no se ha encontrado personalmente con esa buena noticia. Estar adormilados tiene más que ver con estar lejos del Señor que con otra cosa.
—Ha hecho profesionalmente cosas muy distintas. ¿Qué es lo que más le enorgullece?
—Más que de lo que he hecho, de lo que soy: hijo de mis padres, hermano de Eulalia, marido de mi mujer, padre de dos niños maravillosos… De cosas que me han sido dadas, y que por lo tanto tampoco es que merezca.
—Fue famoso por poner el himno español en Barcelona durante el procés. ¿Hace falta ser muy valiente… o estar muy enfadado?
—Ni uno ni otro. Quizá ser un poco temerario. Y luego, ser obediente, porque quienes me animaron fueron mis padres. Y yo, como hijo, ahí sí que cumplí órdenes.
—Es dueño del bar “Frankfurt Moncloa”. ¿Forma parte de su visión cristiana, para hacer la vida feliz también aquí en la tierra?
—Creo que la comida, una buena cerveza, en torno a una mesa en la que sentarse para comer, para beber, para compartir, para cantar, es algo muy católico. La idea con “Frankfurt Moncloa” fue montar eso. Provocar ese lugar de encuentro en el que uno va a forjar una amistad, a estrechar vínculos, a conspirar, a debatir, a escuchar poesía (aunque tampoco es el lugar perfecto). Y luego, como los que lo hemos montado intentamos sentir con la Iglesia, eso también se traduce a la hora de todo. Igual que se traduce a la hora de educar a los hijos, también al montar un negocio.
—Ha hecho reportajes sobre los católicos perseguidos. ¿Qué ha aprendido de ellos?
—Fui allí pensando que íbamos a ayudarles. Pero lo verdaderamente importante nos lo enseñan ellos. El testimonio de esos cristianos de Oriente nos enseña lo principal: que merece la pena entregar la vida entera a Cristo. Y lo enseñan no con sermones, sino con su vida. Al ver cómo viven y mueren con la alegría, y con la paz con la que llevan esa cruz, con la que entregan su vida a Cristo. Eso a uno le hace despertar y le recuerda para qué está aquí en esta vida, que no es para vivir cómodo y tranquilo, sino para dar gloria a Dios. Eso es lo más importante que he aprendido en Líbano.
Jaume Vives
Ha dirigido la última campaña de la ACdP (Asociación Católica de Propagandistas): “Si la Navidad es mentira, todo es mentira”.
Se define en su web como “el periodista de la barba larga y descuidada”.
Nació en Barcelona el 5 de junio de 1992. Es licenciado en Ciencias Pollíticas (U. Barcelona) y en Periodismo (U. Abat Oliba, Barcelona).
Trabaja en la ACdP y se dedica al periodismo a tiempo completo. Fundó en 2011 y dirige el diario El Prisma; y la revista La Antorcha.
Ha realizado tres viajes periodísticos a Líbano e Irak y produjo dos documentales sobre los cristianos perseguidos de Oriente.
Es autor de cuatro libros de ensayo. Publica habitualmente en El Debate.