Guadalupe, una fe sencillaque mueve a millones

El santuario del cerro de Tepeyac, el más visitado del mundo, encara el quinto centenario con el proyecto de atender mejor a los peregrinos
Vista aérea del recinto guadalupano, con la basílica nueva a la izquierda; la antigua y la adyacente parroquia de Las Capuchinas. Al lado, la Capilla de los Juramentos.

Veintidós millones de fieles acuden cada año al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México, el santuario católico más visitado en el mundo. Una advocación que, bajo su manto, agrupa a todo un continente. ¿Qué tienen las apariciones allí que no existan en otro lado? Mundo Cristiano ha acudido al santuario y ha hablado el nuevo rector, monseñor Efraín Hernández, en vísperas del quinto centenario de las apariciones, que será en 2031.

Una mujer se acerca al periodista en la explanada frente a la moderna basílica de Guadalupe y se ofrece a tomarle una foto. La mujer lleva un uniforme blanco. “Es que trabajo como camarera en una de las tiendas de aquí abajo”. “-¿Viene todos los días al santuario?”, le pregunta el periodista. “No. Pero hoy me encontraba un poco deprimida y he venido a decírselo a la Virgen”.
Junto a turistas y curiosos, se cuentan por decenas de miles quienes cada día se acercan a la casa de la Virgen a acudir a la guadalupana, atendiendo al ofrecimiento que Ella misma hizo al indio Juan Diego (canonizado en 2002): “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre?”.

Las cinco apariciones

“La mera presencia de la Virgen es un evangelio para México, es una buena noticia. Ella vino a traernos a Jesús, que es lo más valioso. Vino a enseñarnos cuál es el camino de la salvación. Su presencia es signo de unidad, tranquilidad, paz. Vino a darnos ese consuelo”, afirma en conversación con Mundo Cristiano monseñor Efraín Hernández, desde hace dos meses rector del santuario.
El visitante observa cómo una mujer, con una mochila a cuestas, se acerca de rodillas al templo. Como ella, muchas otras lo hacen cada día. Hay otras que, además, llevan en la rodilla enlazada alguna rama de espinas de las que crecen en la zona, como mortificación para ofrecer a la Virgen. Se respira piedad popular, y mucha fe.
Una mirada desde la explanada central del recinto guadalupano permite percibir desde el primer golpe de vista la esencia de este templo, que, según la tradición, recogida en el documento Nican Mopohua, quiso la propia Virgen que se levantase aquí mismo. Como es conocido, la Virgen María se apareció cinco veces en el cerro del Tepeyac a Juan Diego. Le pide que vaya ante el obispo, Fray Juan de Zumárraga, para que levante un templo.
Juan Diego obedece, pero el obispo no le cree. Vuelve para explicar a la Virgen el fracaso de su misión, pero Ella le confirma su tarea y le pide que regrese al día siguiente a ver al prelado. En esta ocasión, Fray Juan, que sigue sin creerle, solicita que María le dé una señal.
Al siguiente día, Juan Diego evita a la Virgen: su tío Juan Bernardino enferma de gravedad y parte para buscar un sacerdote. Rodea el cerro del Tepeyac, para evitar un presumible encuentro con la Señora, que le retrasaría. Pero la Virgen sale a su encuentro. Le tranquiliza respecto a su tío (a quien cura). “¿Acaso no estoy yo aquí, que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, mi amparo? Por favor, que ya ninguna cosa te angustie, te perturbe”. Como prueba para el obispo, le pide que recoja unas flores de Castilla -grandes, espléndidas- que crecen en las inmediaciones inexplicablemente, pues no es terreno, ni era clima.
El indio recoge las flores en su tilma y, al comparecer frente al obispo y mostrar las flores, a la vez, se va desvelando en la propia tilma, como reflejada, la imagen de la Virgen. A partir de ahí, el obispo procederá a levantar un templo y la imagen de Guadalupe se venerará hasta nuestros días.

Para juramentarse

El recinto guadalupano hoy acoge los edificios relacionados con esta historia. Alberga la antigua basílica, que quedó sustituida porque se está hundiendo; junto a la actual, acabada en 1976. En esta se exhibe la imagen de la Virgen, con unos pasillos mecánicos en el piso inferior, que permiten un continuo fluir de peregrinos. Muchos, tras pasar, regresan para seguir rezando a la Virgen.
Al lado, se erige la parroquia de Capuchinas, en la que precisamente estuvo trabajando el actual rector del santuario. Más allá, la “Iglesia de indios”, el templo que acogió inicialmente la exposición del ayate de Juan Diego, con la imagen de la Virgen plasmada en él. El indio dedicó el final de su vida a cuidar de este templo y de la tilma los 17 años que vivió desde las apariciones.
Además, el recinto incluye una Capilla de Juramentos. Un templo peculiar, lleno de sillas con bolígrafo donde entran los peregrinos y se juramentan, es decir, se comprometen ante Dios y Santa María de Guadalupe por un tiempo a un determinado sacrificio: no probar alcohol, o drogas, o ser fiel a la mujer, o no maldecir… Escriben en un papel su juramento, y el tiempo de duración, y lo entregan al sacerdote que está al cargo, y este les bendice con agua bendita. Desde entonces están “juramentados”, de forma pública. Familiares y amigos les ayudarán a mantener este compromiso.
A Guadalupe llegan turistas pero, sobre todo, peregrinos. Explica Mons. Hernández: “Para muchos, su objetivo es una visita por año, una manda, una intención. Vienen de cerca o de lejos”. Continúa: “Es una espiritualidad muy compleja y muy interesante. Muchos vienen caminando durante una semana o dos, y no les importan las inclemencias del tiempo, ni lo que se presente en el camino. Su objetivo es llegar aquí ante la Virgen, tomar parte en la Eucaristía, comer un poquito, y se regresan tan contentos de haber cumplido un año más con su intención”.

Peregrinaciones

Además de fieles que acuden de forma individual, hay cientos de peregrinaciones de grupo. Por ejemplo, del colectivo de globeros, o de payasos, o de sonideros (animadores musicales), o de uno u otro hospital, o de la comunidad japonesa, o de la eparquía maronita… Hay además 83 peregrinaciones de las diferentes diócesis de México. La de Querétaro es la más numerosa, con unos 25.000 fieles, que, además, llegan por grupos, estructurados por días: un día, los ciclistas; otro, las mujeres; otro, los hombres. Tampoco faltan peregrinaciones de otras diócesis de países de Centroamérica o de Estados Unidos.
“Yo creo que la devoción a Guadalupe crece cada año más”, asegura el rector. “Aun entre los no católicos. Me ha sorprendido, y yo soy testigo de alguno que me ha dicho: ‘no soy católico, pero soy guadalupano. Es un fenómeno un poco increíble, pero lo creo porque lo he escuchado. No me meto en discusiones, pero lo importante es creer y amar”.
La Virgen de Guadalupe está muy ligada a la evangelización de América. “Diez años llevaban los españoles aquí, y los misioneros que vinieron no lograron gran cosa. No había mucho avance. Viene María y entonces la cosa cambia. Es la presencia divina y la fuerza de una Madre”, subraya el rector.
Para él, “la Virgen de Guadalupe entronca mucho con el pueblo mexicano. María se aparece a un pueblo, y desde ahí nos acompaña”.
Añade: “Es la imagen de la madre. México es un país matriarcal, la figura de la madre es muy fuerte. En este cerro de Tepeyac los antiguos aztecas veneraban una diosa. María no es una diosa, es nuestra madre, pero se aparece en un lugar elevado, que, para la cultura mexicana y otras religiones, tenía su significado. Y luego, su vestido, toda su representación, está llena de figuras muy comunes para los aztecas”.

Quiénes lo atienden

Los sacerdotes que atienden el santuario son 29. Junto a ellos, trabajan otros 520 empleados.
“Los sacramentos juegan aquí un papel muy relevante, sobre todo el de la reconciliación, y el de la Eucaristía. Y también las bendiciones, que no son un sacramento, pero son muy importantes: son una ocasión para evangelizar”.
Reconoce el rector que “es sorprendente ver cuánta gente se confiesa. Llego aquí y veo filas innumerables”. Dos docenas de confesonarios permiten a los peregrinos acercarse al sacramento de la reconciliación.
En la basílica se celebran a diario misas cada hora, de 6 de la mañana a 8 de la tarde. Entre medias, a las 8,30, laudes solemnes; y a las 5, rezo del Rosario. Los viernes de 11 a 12, una sesión penitencial, para favorecer la confesión penitencial de forma más acompañada.
“Aquí todos somos iguales. Eso es lo grandioso, aquí a todos se les trata igual”, destaca el rector. Monseñor Efraín Hernández también tiene su historia personal. Hace cincuenta años era monaguillo aquí, en el templo de Capuchinas. Venía a Guadalupe desde niño, y, asegura, “fue la Virgen en la que me llevó hasta aquí. Primero de monaguillo, luego, el seminario; me ordené y mi tesis de Teología es sobre María; luego estuve de párroco en Capuchinas, y años después me trae a nuestro santuario”.
En el recinto de la nueva basílica existen dos buzones. Uno de ellos reza “Deposite aquí sus milagros”; otro es para dejar las intenciones. “La mayoría de lo que yo sé, de un 80% de testimonios, son temas referidos a la salud: un desahuciado y que sana, y similares”, sostiene el rector. No se trata de un elenco de milagros científicamente demostrados, pero sí de una incontable serie de favores.
Además, advierte el rector, “en Capuchinas, o en el propio santuario, hay un montón de ‘cartas de amor’, como yo digo, son cartas de agradecimiento por un milagro, por alguna curación de la Virgen. Son cartas de amor porque muchos son poemas, o textos llenos de cariño y ternura”.

Cómo se mantiene

Todo el santuario, ¿se mantiene solo con donativos? “Sí. Donativos, colectas, viene un señor con su monedita; también está la venta de artículos religiosos, porque siendo un santuario muy grande, son muy grandes también”.
Y los nichos. En la parte inferior del templo se albergan 150.000 nichos mortuorios, ya ocupada buena parte de ellos. “Están vendidos todos. Fueron parte de la financiación de la nueva basílica”.
En pleno siglo XXI, y de cara al quinto centenario de las apariciones, que será en 1531, ¿qué necesita el santuario? Responde el rector: “Creo que necesita una transformación. Sobre todo la atención a los peregrinos. Necesita un replanteamiento total que atienda los nuevos desafíos del tiempo, de la misma sociedad. Hay que buscar las estrategias, para ver, a los peregrinos que vienen, si podemos darles algo más. Cumpliría más el objetivo del santuario, que es que se lleven un mensaje, un mensaje muy claro, y que luego lo apliquen en la familia, en el trabajo. Que realmente cuando regresen, después de la peregrinación, regresen diferentes. Aunque sea poquito”.
En cuanto a proyectos materiales, “hay muchos, pero lo más importante no es lo material, sino lo espiritual. Es verdad, pues a qué, por ejemplo, a qué poner atención, un poquito en la antigua basílica, que está en malas condiciones, va a necesitar un poquito más estéticamente.

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