En un mundo que parece haber perdido la brújula sobre lo que significa ser mujer, surge una corriente de pensamiento que no busca el progreso en la ruptura, sino en el origen. A través de las reflexiones filosóficas de Carrie Gress, la cercanía vital de Cristina Cons y el magisterio profético de San Juan Pablo II, redescubrimos una verdad olvidada: la mujer no alcanza su plenitud imitando al hombre, sino abrazando su propio “genio”.
El diagnóstico:
La trampa de la “Anti-María”
La filósofa estadounidense Carrie Gress ha encendido un debate necesario con su análisis sobre la “Anti-María”. Gress sostiene que el feminismo radical no solo buscó la igualdad legal, sino que intentó extirpar de la psique femenina las virtudes marianas: la receptividad, la maternidad (física y espiritual) y la capacidad de nutrir la vida.
Al rechazar el modelo de la Virgen María, la sociedad ha entronizado un anti modelo basado en la agresividad y el desapego. Gress nos advierte que esta “liberación” ha dejado a la mujer más agotada y desconectada de su esencia que nunca. La solución que propone es una “opción mariana”: volver a la humildad y a la belleza como herramientas de transformación cultural.

La Práctica:
El arte de ser mujer según Dios
Si Gress nos ofrece el diagnóstico, Cris Cons nos entrega el remedio cotidiano. En su obra Una mujer como Dios manda, Cris desmitifica los estereotipos de la mujer católica como alguien pasivo. Para ella, ser una mujer “como Dios manda” es un llamado a la excelencia y a la libertad auténtica.
Cris enfatiza que la mujer tiene una misión específica: ser el corazón que da calor al hogar y a la sociedad. Su enfoque no es el de una sumisión ciega, sino el de una fortaleza interior que nace de saberse hija de Dios. Ser femenina, para Cris, es un privilegio que permite humanizar los ambientes más áridos, aportando una mirada que prioriza siempre a la persona sobre las cosas.

El fundamento:
La profecía de Juan Pablo II
Esta visión contemporánea encuentra su raíz en el “Nuevo Feminismo” impulsado por San Juan Pablo II en los años 90. En documentos como Mulieris Dignitatem, el Papa polaco dio un giro histórico al reconocer las injusticias del pasado, pero señalando un camino de esperanza basado en la antropología cristiana.
Él acuñó el término “Genio Femenino”, explicando que la mujer posee una disposición especial para el cuidado del ser humano. Para Juan Pablo II, la mujer es la “centinela de lo invisible”, aquella capaz de ver la dignidad del otro incluso cuando el mundo lo ignora. Su enseñanza es clara: la sociedad necesita de la mujer, no para que haga lo mismo que el hombre, sino para que aporte aquello que solo ella puede aportar.

El retorno al corazón
El mensaje de estas tres voces es unánime: la verdadera revolución femenina no consiste en ganar una batalla de poder contra el hombre, sino en ganar la batalla por la propia identidad.
Cuando una mujer se reconoce como hija de Dios, inspirada por María y consciente de su “genio” único, se convierte en una fuerza imparable. No se trata de volver al pasado, sino de caminar hacia un futuro donde la mujer sea, por fin, plenamente ella misma.
“La mujer es la que hace hermoso el mundo, la que lo custodia y lo mantiene vivo. Trae la gracia que hace nuevas las cosas”.
Papa Francisco (en sintonía con el legado de JPII).



