Funeral de Estado, funeral laico, funeral religioso: el debate alrededor del homenaje cancelado a las víctimas del choque de trenes

Celebración de la Misa Funeral presidida por el obispo de Córdoba en Adamuz una semana después de la tragedia. Fotografía de la Diócesis de Córdoba.

España no es laica, es aconfesional, es distinto. No hay una religión oficial. Pero sí una especial cercanía con la confesión mayoritaria de los españoles, la católica. Por eso choca tanto que el Gobierno se empeñe en celebrar un “Funeral laico de Estado” cuando la fe ha recorrido de manera natural las vidas de las víctimas y sus familiares. Vista la mala acogida y la contestación popular, Gobierno y Junta de Andalucía han cancelado el encuentro sine die.


El obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, preside la santa misa ante más de setecientas personas y en la que, de manera excepcional, ha estado la imagen de la Virgen del Sol, patrona de Adamuz en el altar. Fotografía de la Diócesis de Córdoba.
El obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, preside la santa misa ante más de setecientas personas y en la que, de manera excepcional, ha estado la imagen de la Virgen del Sol, patrona de Adamuz en el altar. Fotografía de la Diócesis de Córdoba.

Días después de la tragedia del mortal choque de trenes cerca de Adamuz, en Córdoba, se multiplican los homenajes y funerales por las víctimas. El Gobierno había apostado por un funeral de Estado sin connotaciones religiosas que ha sido muy criticado por buena parte de las víctimas onubenses, una región con profunda devoción mariana. Días después, ha anunciado que lo cancelaba sin fecha prevista.

Así explicaba un onubense la razón por la que no estaba de acuerdo con que el Gobierno hubiera decidido “imponer un duelo laico”: “Es no conocer esta tierra”, decía Nacho González en su cuenta. “¿pretenden consolar sin Cielo en la casa de la Virgen de la Cinta, del Rocío, la del Carmen o de la Peña? […] Aquí el dolor no se gestiona, se le reza a Dios y a la Virgen”.

Mientras tanto, diversas diócesis, entre ellas la de Córdoba, con una celebración especialmente emotiva en Adamuz a la semana del accidente, la de Huelva y la de Madrid, convocan a todos los fieles a participar del funeral con celebración de la Santa Misa para rezar por el eterno descanso de los fallecidos, la recuperación de los heridos y el duelo de las familias.

Desde las posiciones más ideologizadas en contra de la Iglesia, lejos de ver estas conmemoraciones como una muestra de la acogida de la comunidad que representan las exequias, la unión al sacrificio eucarístico y ese “a-Dios” del pueblo de Dios con el que la comunidad cristiana despide a sus hermanos y reza para que lleguen al cielo, algunos han querido ver una estrategia política de confrontación para abrir una nueva brecha con el Gobierno central. Y sin embargo, es el funeral religioso que con el que la Iglesia católica llama a sus fieles a unirse en oración por los hermanos que sufren.

Es cierto que la palabra funeral no implica necesariamente que tenga que ser una celebración religiosa. El diccionario de la Real Academia no define el funeral como laico o religioso. Dice, en su segunda acepción: “Pompa y solemnidad con que se hace un entierro o unas exequias”, es decir, acompañamiento solmene en las honras fúnebres. Pero tampoco la Constitución obliga en modo alguno a que un funeral de Estado sea laico. Somos un Estado aconfesional, no laico, y eso permite que cuide especialmente de la principal religión de sus ciudadanos.

Explica Leopoldo Abad, catedrático de la Universidad CEU San Pablo, marca la diferencia entre la Constitución Española, que en su artículo 16 establece que España es un país no confesional, distinto de un país laico como es Francia. “En países aconfesionales, como es España, no hay una religión oficial, pero se reconoce el hecho religioso e incluso se establecen relaciones entre el Estado y las distintas confesiones religiosas. Es más, nuestra Constitución habla de que se tendrá una especial relación con la Iglesia Católica como confesión mayoritaria en nuestro país”.

La decisión del actual Gobierno liderado por Pedro Sánchez de no hacer celebraciones religiosas en los funerales de Estado no es nueva. Así ocurrió también el 29 de octubre de 2025, donde el acto de conmemoración por las víctimas de la DANA en Valencia se celebró en el Museo de las Ciencias de la capital del Turia.

El problema es que los funerales laicos son un homenaje, pero no un consuelo. La actuación de fieles y sacerdotes en los momentos más duros de la tragedia de Adamuz pone de manifiesto esa búsqueda de la fe en las que el que sufre encuentra refugio y esa entrega sin límites con el prójimo próximo. No había pasado una hora del accidente de tren, y los vecinos de Adamuz, junto con su párroco, ya estaban haciendo todo lo posible por socorrer a las víctimas. El obispo de Córdoba ya estaba en el lugar de los hechos a la mañana siguiente. Y los testimonios de fe no han parado de repetirse en todos estos días.

Que un Estado decida hacer un funeral religioso en circunstancias como las que acaecen, lejos de implicar que hay una confesión oficial, lo que hace es mostrar que se une al dolor de su pueblo. Porque incluso aquellas personas que no viven o no comparten la misma fe, no se sienten ofendidos porque aquellos que sí la profesan, encuentren en Dios el consuelo que necesitan.

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