Antonio Alonso Marcos, profesor titular de Ciencia Política de la Universidad CEU San Pablo, explica cómo hemos llegado hasta aquí y hacia dónde vamos en una semana en que la mirada del mundo está puesta en Irán.
Semana tras semana, el mundo asiste sorprendido a reuniones internacionales al más alto nivel en las que vemos cómo cambia la estructura de peso de poder de los distintos países. Hemos hablado con el profesor Antonio Alonso, de la Universidad CEU San Pablo, que nos desentraña ese camino recorrido desde el final de la II Guerra Mundial.

¿Podemos hablar de un cambio en el paradigma internacional, en la geoestrategia, en la manera en la que los países interactuaban?
Lo que parece evidente, y creo que ya casi nadie lo duda, es que estamos asistiendo a la reorganización del sistema internacional. Es decir, que estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo orden internacional. Nosotros tendemos a pensar que el sistema internacional es estático, que nada se mueve, que nada cambia, que las fronteras son estáticas, no se mueven, nunca van a cambiar. Y, sin embargo, comprobamos que en los últimos 40 años las fronteras se han movido muchísimo. Incluso en Europa: pensamos que el viejo continente ya estaba asentado y sin embargo en los últimos 40 años lo que hemos visto ha sido recolocación tras recolocación.
¿Cuáles son los hitos que han marcado estos cambios?
Señalaría varios puntos de inflexión bastante claros de este nuevo orden internacional. Por supuesto, el orden nacido después de la II Guerra Mundial: un sistema bipolar con Estados Unidos y la Unión Soviética cada uno por su lado, enfrentándose. Ese sistema acaba con la caída de la Unión Soviética. Así que a partir del año 91 empieza una época de hegemonía estadounidense.
En los últimos 40 años las fronteras
se han movido muchísimo.
¿El siguiente hito en el sistema internacional?
Esa hegemonía tiene su punto de inflexión paradójicamente en el 11-S, porque el 11 de septiembre del 2001, Estados Unidos sufre varios ataques terroristas en su propio suelo y se siente vulnerable. Además, supone el inicio de la campaña en Afganistán y luego tiene su continuación en la invasión de Iraq. ¿Qué es lo que sucede? Que esa invasión de Iraq, reforzaría a priori esa idea de hegemonía estadounidense donde Estados Unidos es el líder indiscutible y todos los países lo siguen.
Pero en el caso de Iraq, esta premisa no es tan evidente. Así como en el ataque a Afganistán tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono era evidente que Estados Unidos tenía que responder, con la invasión de Iraq no todos los países veían claro desde el punto de vista internacional que tuviera que ser así y hay una serie de países que empiezan a desmarcarse a poner el límite a la hegemonía americana.
Y Estados Unidos empieza perder hegemonía.
Sí, a partir de ese momento, sobre todo a partir del año 2006, se afirma claramente que Estados Unidos no tiene legitimidad para estar en esos escenarios, ni en Afganistán ni en Iraq. Es el momento, digamos, de cierta madurez, de la primera madurez de los otros países, de las otras superpotencias que tienen armas nucleares y que le dicen a Estados Unidos: ‘Bueno, pues no, no va a ser todo como tú digas, cuando tú digas y como tú quieras’.
A partir del año 2006, se afirma claramente
que Estados Unidos no tiene legitimidad
para estar en esos escenarios, ni en
Afganistán ni en Iraq.
¿Quiénes son esas nuevas potencias de la geoestrategia?
A partir de ese momento otros países van tomando posiciones. Por ejemplo, China empieza un despegue económico y comercial, pero también político. Hace 10 años, a China ni se le ocurría decir nada en contra de Estados Unidos. Ahora cualquier declaración o actuación de Estados Unidos que no le guste, o bien habla el ministro de Asuntos Exteriores o, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, o su embajador en la ONU y lo dice alto y claro. Es decir, China hace gala de su asertividad, es una China mucho más asertiva.
También ha habido muchos cambios en los países del este y países árabes.
Sí, también coincide en el tiempo, desde 2003 en adelante, lo que se llaman las Revoluciones de Colores y su extensión en el mundo árabe, que es la Primavera Árabe. ¿Qué son esos acontecimientos? Pues son revoluciones, pacíficas en principio, que lo que hacen es intentar dar un cambio de régimen en esos países. ¿Hacia una mayor democracia? No, simplemente hacia un gobierno más prooccidental, que suele coincidir teóricamente con ser más prodemocráticos, etcétera.Pero en el fondo de lo que se trata es de quitar al líder que estuviera en ese momento para poner a otro que sea más benévolo con, o más dócil a la voz de, Estados Unidos.
Esas revoluciones de colores y esa primavera árabe tienen más consecuencias, ¿no?
Sí, ahí el perjudicado es Rusia e insisto, a partir de ese momento, a partir del año 2003, 2004 en adelante, empieza Vladímir Putin a ser mucho más asertivo, como China. Los rusos quieren recuperar su grandeza, quieren recuperar su posición en el mundo y tanto China como Rusia lo que quieren es que se les respete. Ellos entienden que se les ha humillado en el siglo XX y que ahora, pues ha llegado su momento.
Más actores en el terreno internacional…
El nuevo orden internacional ya no es una bipolaridad Estados Unidos-Unión Soviética, es más una multipolaridad. Pero es una multipolaridad un tanto extraña o imperfecta, si se quiere, puesto que no son, varios polos de poder de igual rango, de igual categoría, de igual fuerza. Por un lado, está Estados Unidos con el ‘Occidente Colectivo’, que se llama, es decir, que incluyen países que no están geográficamente en el Occidente, por ejemplo, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda o Israel, incluso, pero sí que seguirán de alguna forma las políticas de Occidente, es decir, de Estados Unidos, de la Unión Europea, etcétera.
Y por otro lado tenemos otros países que quieren ser un polo de poder, por ejemplo, Rusia, India, incluso podríamos decir Pakistán, Indonesia, Egipto, Arabia Saudí… Son países más de segundo o tercer nivel, es lo que se llama el Sur Global. Obviamente quien tiene la preeminencia es China. No es Rusia, sino que es China y esto todo el mundo lo acepta.
Tenemos que mirar a China entonces
El crecimiento comercial de China es tal que le lleva inevitablemente, aunque no se vea así a priori, a ser una potencia militar. Estamos hablando de una potencia comercial que tiene que ser acompañada de una potencia militar porque, además, aparte de proteger su economía (sus rutas, por ejemplo), también se le pide que juegue un papel protector en el mundo, lo que se llama un ‘security provider’, un proveedor de seguridad para la región y para determinados países.
El crecimiento comercial de China es
tal que le lleva inevitablemente,
aunque no se vea así a priori,
a ser una potencia militar.
Y la ONU ya no funciona como antes.
Hay otro concepto, y ya con esto acabo, que es el de ‘mayoría mundial’. Y esto es muy interesante. Es decir, nos tenemos que dar cuenta de que, como decía Josep Borrell, Europa ya es irrelevante. Y que, si es verdad que hace 200 años nosotros marcábamos el destino del mundo, hoy son otras potencias quienes lo marcan.
Y nos tenemos que dar cuenta de nuestra irrelevancia en medio del mundo. Por poner un ejemplo: fueron 60 los países que condenaron la invasión de Ucrania en la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero 60 no es la mayoría del mundo. La mayoría del mundo son los otros 140 que, o bien miraron para otro lado o bien votaron en contra.
Cambio total en las fuerzas y en los pesos…
A eso es a lo que se refiere China cuando habla de ‘mayoría mundial’. La mayor parte del mundo, que no solo por cantidad de países, sino por cantidad de habitantes, ya no es Europa. Ya Europa no es el faro del planeta, sino que el faro del planeta ahora parece ser que es China.
¿Qué panorama se nos plantea?
Todo nacimiento va a venir entre dolores. Eso son las guerras.
María Solano Altaba



