El nombre de Jesús Angel «Chuso» García Bragado está marcado con letras de oro en el atletismo español. Ocho participaciones en los Juegos Olímpicos, un record único entre los deportistas españoles. Y además, una carrera deportiva plagada de medallas y éxitos en mundiales. Bragado representa el éxito deportivo humilde, en una prueba, los 50 kilómetros marcha, sin mucho relumbrón y con mucho sacrificio. Quién mejor que Bragado para presentar el espíritu olímpico en víspera de París 2024 que empieza este mes.
Parece mentira, pero Chuso García Bragado se ha retirado ya, hace un par de años, de la competición. Nuestro atleta incombustible tenía pinta de seguir compitiendo eternamente, pero le llegó también la edad de decir adiós. Su carrera longeva muestra un perfil rocoso de atleta, inasequible al desaliento y firme en sus disposiciones. Después de ocho participaciones en los Juegos Olímpicos (es el deportista español que más veces lo ha hecho) García Bragado pasa revista a su trayectoria desde sus inicios en el club deportivo del colegio Tajamar, en Vallecas. Entre medias queda su titulación como podólogo, o su paso por la política como concejal del Partido Popular en Gerona. Hoy su vida se centra en su familia (tiene dos hijas) y en su trabajo como técnico de la Federación de Atletismo.
Con residencia en Gerona, ha conversado con Mundo Cristiano durante una de sus estancias en Madrid.
—¿Por qué escogió la marcha?
—Mira, pues la marcha fue porque yo había comenzado a hacer atletismo en el barrio de la Concepción, pero yo ya estaba estudiando en Tajamar Formación Profesional de Arte Gráficas. Como me llevaba mucho tiempo ir y volver, al final me quedé en el club de atletismo de Tajamar. Era un club de atletismo que tenía todas las especialidades. Yo ya había visto practicar la marcha en verano, volví al curso siguiente (86—87), y me acerqué a Lázaro Linares, el alma mater del club de atletismo, con quien entrenaba, le dije que quería probar otras cosas, y entonces hablamos de la marcha, y él me comentó que “eso es para masocas”. Yo le respondí que me daba igual: “yo lo que quiero es ganar, y así empezamos”. Luego me puso con un entrenador especializado de marcha, y así comencé.
Una prueba dura
—Pero entre las pruebas de atletismo, la marcha quizá es la que menos atrae, porque son muchos kilómetros, dureza… y si comparas con los 100 metros lisos, es mucho menos espectacular.
—Sí más de cuando yo te hablo, que todavía la gente tenía vergüenza de practicar la marcha, y se escondía mucho. Era como la hermana pobre del atletismo. Parecía que al que no se le daba bien cualquier otra cosa, lo ponían a practicar marcha. Pero a mí eso me llamó mucho la atención, me sorprendió mucho ver lo rápido que iba, y por eso me incliné por ella.
La verdad que siempre me ha gustado todo; si se me hubiera dado bien la jabalina, habría practicado la jabalina, pero creo que en la marcha encontré mi especialidad y sobre todo en la especialidad de los 50 kilómetros, una prueba muy larga. Yo soy de una persona que tenía unas características de mucha resistencia, siempre he tenido fama de ser estajanovista, de dedicarle muchas horas al entrenamiento.
—Porque para los 50 kilómetros marcha, aparte de la capacidad de resistencia positiva, también es mucho de cabeza, supongo.
—Te tiene que gustar mucho entrenar y superar el mentalmente el efecto que te genera, tener que comenzar un entrenamiento que va a durar tres o cuatro horas, y lo tienes que comenzar tú solo, y además hay días que el clima no acompaña. Superar ese momento es importante.
Pienso que la marcha atlética es 50% física y 50% mental. Ahí ves el que tiene madera para esto o no, porque a lo mejor mentalmente no sabe superar un mal momento.
—Es una de las pruebas donde se ve más claramente que el deporte es una escuela de virtudes.
—El deporte en general es una escuela de valores, el deporte bien practicado, y más hoy día que se ha perdido tanto la cultura del esfuerzo, del sacrificio. Eso lo notas ya con los chavales. Les hemos dado demasiadas cosas, muchas comodidades, y entonces inculcarles esto es nadar contra corriente, porque tenemos una cultura que es todo lo contrario.
—Tu carrera ha sido extraordinariamente larga, ¿no?
—Sí, desde el 86 que comencé a practicar la marcha, en el 92 fui a los Juegos Olímpicos por primera vez, y he estado hasta el año 2021. Lo estiré un año más por la pandemia, porque los Juegos se tuvieron que celebrar un año posterior a lo que estaban programados. Casi 40 años.
—En retrospectiva, ¿qué te ha dejado el atletismo?
—Yo diría que todo. Tengo 55 años, empecé a practicar con 16 el atletismo, y sigo vinculado. Voy vinculando cosas en el relato de mi vida, y todo está ligado a ello: Tajamar, mis hijas…
—Y en esta trayectoria, ¿cuáles han sido tus momentos más difíciles?
—Los momentos más duros a nivel deportivo han sido no haber conseguido aquí en España, el resultado que yo hubiera deseado, que, lógicamente, era haber ganado una medalla. He estado muy cerca de ganarlas en Juegos Olímpicos, pero no haberlo podido conseguir aquí en España, me duele.
En Barcelona 92 es verdad que era muy joven, pero luego tuvimos el Mundial de Sevilla en el 99, y el Europeo de Barcelona en el 2010, no haber podido conseguir medalla es como una espinita clavada.
—Aunque supongo que ayuda a ganar en humildad…
—Aprendes que en la vida se gana y se pierde, que la victoria y el fracaso van de forma paralela y que el fracaso también es una forma de aprendizaje. Es una forma de entender que una cosa va unida a la otra, que forma parte de la vida.
—¿Qué recuerdos tienes de Barcelona en el 92, tus primeros Juegos?
—Si a mí me preguntasen con qué momento de la historia reciente de España se quedaría, yo lo tengo muy claro: Barcelona 92. Un momento de nuestra historia contemporánea importantísimo, porque se demostró al mundo entero que pudimos organizar unos Juegos Olímpicos, y que es algo de lo que todos los españoles nos podemos sentir orgullosos, sean monárquicos o se sientan republicanos.
Poder contar que estuve en Barcelona viviendo ese momento para mí es algo grandioso.
Deportivamente, fue un hecho histórico para España ganar 22 medallas. De hecho, nos seguimos comparando con eso. Ahora en París se habla de ver si podemos superar aquel el número de medallas.
Incluso políticamente se habla del espíritu de Barcelona 92. Es que eso ya no es un momento importante de la historia del deporte español, sino de la historia de España.
Habría que recuperar aquel espíritu. Allí todo el mundo tiró del carro en el mismo sentido, pensando de una manera o de otra. Todos entendieron que era importante que dejáramos una buena imagen de cara al exterior. Fue un éxito organizativo y un éxito deportivo. Se demostró que, cuando nos ponemos de forma seria, los españoles podemos hacer cualquier cosa.
En la Villa Olímpica
—¿Cómo es la convivencia en la Villa Olímpica?
—Ha mejorado mucho. Ahora, desde Pekín 2008 me parece, conviven todos. Antes los deportistas más profesionales, los que económicamente se lo podían permitir, estaban en un hotel de cinco estrellas. Después, empezaron a vivir en la Villa Olímpica. Eso mejora mucho el ambiente, y la gente lo disfruta mucho.
Un chaval que va a sus primeros Juegos y se puede hacer una foto durante el desayuno con Rafa Nadal, eso es especial. Yo lo he visto: a Rafa Nadal, tener la paciencia de durante media hora de reloj de estar atendiendo fotos, o a Pau Gasol, o a Ronaldinho… Eso genera muy buen ambiente.
—Contigo también se hacían fotos, seguro.
—Sí, es verdad, pero, yo no me considero de ese nivel. Aunque siempre recuerdo cuando llegué a los Juegos en Río de Janeiro, que eran mis séptimos JJ.OO.
Llegué y me encontré la sorpresa del recibimiento que tuve en el comedor de la Villa Olímpica por parte de toda la delegación española. Me emocioné mucho.
Recibí muchísimos mensajes de parte de mucha gente. Una vez que me sucedió esto tuve la sensación de darme cuenta de que he recibido mucho y ahora tengo que intentar devolver.
Por eso mis prioridades son trabajar con los niños de la Federación y estar en proyectos que estén muy vinculados en el atletismo de los jóvenes, en inculcar este tipo de valores que yo he recibido.
—¿Compensa seguir haciendo unos Juegos Olímpicos?
—Los Juegos se han hecho tan inmensos que cuestan muchísimo dinero. En Barcelona 92 no habíamos pasado las crisis económicas que hemos pasado ahora. Entonces a lo mejor ahora es más difícil hacer entender a la gente lo beneficioso que puede ser organizar los Juegos Olímpicos en una ciudad. Pero por los cambios que se generan creo que sí que compensa.
El problema que ahora tienen los Juegos es encontrar entradas porque todo el mundo quiere verlos y claro no hay entradas literalmente. Si el estadio olímpico tiene capacidad para 80.000 personas, por ejemplo (no sé cuántos tiene en concreto) la demanda es de 150.000 o de 200.000. Las entradas se convierten en prohibitivas. Y así en otros deportes: no va a haber capacidad para toda la demanda que hay de entradas. No hay entradas.
—¿Con qué criterios se seleccionan las nuevas disciplinas olímpicas? A veces hay propuestas un tanto curiosas.
—El movimiento olímpico, más bien ahora el Comité Olímpico Internacional, sabe del potencial que tienen los aros olímpicos. Eso le genera buenos patrocinios, muy buenos ingresos. Gracias a esos ingresos se nutren el resto de las federaciones deportivas, y por tanto para seguir siendo un evento de interés tienen que estar a lo que demanda la sociedad. Ellos han visto que para enganchar a la gente joven por ejemplo hay que emitir los Juegos por multitud de canales. Ya no los vas a ver solo en la televisión, sino por muchísimas plataformas. La forma de ver hoy es diferente. Los gustos ahora son de ver cosas que duren mucho menos tiempo. A la gente joven le cuesta mucho hasta estar enganchada a un partido de fútbol porque dura hora y media y prefieren ver en esa hora y media diversidad de cosas.
Eso hace, por un lado que los eventos sean más cortos y por otro, que haya muchos deportes.
También quieren que haya un límite en el número de participantes, para que las villas olímpicas no sean ser cada vez más grandes. Entonces, se han creado una serie de cuotas y entonces aparte de ir introduciendo cada vez más deportes nuevos que puedan enganchar a la gente joven, se dan unas cuotas por cada deporte para que no haya una masificación. Esto ha hecho que cambien radicalmente los Juegos de cuando comencé yo a como son ahora.
Por ejemplo el breakdance que está en París seguramente en Los Ángeles ya no se volverá a celebrar, habrá deportes nuevos vinculados a los gustos que hay en Estados Unidos, por ejemplo, el lacrosse.
Se habla incluso de introducir unos juegos olímpicos de los deportes e—games. Aunque eso ahora mismo nos pudiera sonar a ciencia ficción.
—Del lema olímpico de Citius, Altius, Fortius, ¿qué queda?
—Cuando comenzó el Barón de Coubertin con los Juegos de la era moderna lo hizo con una finalidad. Hoy en día la sociedad es muy diferente. Cuesta mucho identificar los valores olímpicos a veces, pero sí se intenta inculcarlos. El movimiento olímpico conlleva una serie de valores.
Son una vía de entendimiento entre países. Lo que espero por ejemplo durante los Juegos de París en que los conflictos bélicos se minimicen. Que se firme una tregua aunque no sea escrita.
—¿Se puede tener una familia dedicandose al deporte?
—Al profesionalizarse el deporte, muchas mujeres deportistas se planteaban retrasar su maternidad. Ha comenzado ahora una tendencia que es que la mujer no tenga que renunciar a la maternidad y poder ser madre y compatibilizarlo con el deporte. Ya vemos cosas tan bonitas como que hayan podido ir deportistas con sus hijas. Ahora en los Juegos habrá una guardería y podrán tener sus hijas dentro de la Villa y poder conciliar estas situaciones
—¿Por qué los Juegos Olímpicos son tan especiales respecto a otras competiciones?
—Porque lo prepara todo el mundo, de todos los países. Estás ahí con otros deportes, con lo cual eres consciente de la importancia de lo que estás viviendo en ese momento. Es un momento que sólo pasa cada cuatro años, con lo cual hay que aprovechar la oportunidad. Que se construya una villa olímpica, y que la ciudad entera esté volcada. Puedo ir a París a un campeonato al mundo de atletismo pero a lo mejor nadie se entera, pero obviamente cualquier señor que vaya a París ahora va a tener reclamos de las Olimpiadas por todas partes.
Es un evento trascendental solo por estar ahí, pero además el que consigue la gloria olímpica, imagínate lo importante que es para él mismo y para su país. Se parece mucho a lo que sucedía en la era antigua que te coronaban con una corona de hojas de laurel.
—¿Quién es su modelo deportista?
—Que haya conocido, Manel Estiarte. Era un grandísimo jugador de waterpolo. De hecho, cuando yo lo admiraba no había ganado ninguna medalla (luego ya las ganó con Barcelona 92 y Atlanta y luego siguió hasta Sidney). Para mí siempre fue el modelo a nivel personal.
Es una persona que ayuda siempre. Pep Guardiola se lo ha llevado con él a los equipos que ha estado porque le sirve como un elemento que ayuda mucho a gente joven, a futbolistas que son millonarios a pisar con los pies en el suelo en la tierra.