“El banco me pagaba mucho dinero, pero ayudando me siento mucho más realizada”

Susan Kinyua ganó el Premio Harambee 2024 por un proyecto de la Fundación Kianda que promueve la igualdad de la mujer
A la derecha, Susan Kinyua, en la presentación del premio Harambee en Madrid, el pasado mes de abril.

Se llama Susan Kinyua, es economista, está casada y es madre de tres hijos. Después de trabajar doce años en banca y preocupada por la precaria situación de las mujeres kenianas, dejó su puesto de trabajo y escogió la Fundación Kianda, entidad pionera en el país, como un proyecto de vida futuro, con el objetivo de ayudar y promocionar a las mujeres. Actualmente es coordinadora de Proyectos y directora de Sensibilización en la Fundación Kianda.

Susan Kinyua es ganadora de los premios Harambee 2024 que -con la dotación económica de los Laboratorios René Furterer- promueven la igualdad de la Mujer Africana. Susan trabaja en la Fundación Kianda, a la que irá dirigido el premio y que ofrece a miles de mujeres en todo el continente africano formación humana y empresarial.

—¿Qué le hizo dejar el mundo de la banca y dedicarse exclusivamente a ayudar a las mujeres en una fundación?
—La Fundación Kianda es una organización conocida en Kenia porque empezó en 1961. Trabaja por la dignidad de la mujer, por la educación y busca empoderar mujeres y niñas en Kenia. Cuando vi el trabajo que hacían me dije a mí misma: “Yo quiero ayudar y marcar la diferencia”.
La sorpresa es que el banco pagaba mucho dinero, y este trabajo que tengo ahora paga mucho menos, pero me siento realizada haciéndolo. El sentimiento de que estamos creando una gran diferencia hace que tenga algo en mi corazón que me empuja a querer ayudar a estas mujeres.
—¿Por qué eligió la Fundación Kianda entre muchas otras que existen en Kenia?
—Por sus valores. La dignidad de las mujeres, la educación que se les da y que no importa si la mujer es pobre o rica, es un programa para todo el mundo. Además, con la fundación se cambia a toda la persona, porque se trabaja con su mente, su alma, su cuerpo y su corazón.

La mujer en Kenia

—¿Qué tipo de oportunidades laborales tienen hoy las mujeres kenianas?
—Las oportunidades son pocas para la inmensa mayoría y tienen que trabajar más duro que los hombres. Por ejemplo, pueden elegir lavar ropa a mano, o coser, o llevar pequeños negocios. El equivalente de los hombres sería la construcción. A su vez, las mujeres tienen que ocuparse de la familia, así que después de su trabajo normal, vuelven a casa y tienen que cocinar, limpiar, ocuparse de los niños, llevarlos al doctor…
—¿Puede una mujer en Kenia llegar a tener un puesto de poder en una empresa?
—Algunas mujeres tienen posiciones importantes. La mujer del presidente actual de Kenia fue una estudiante de la escuela Kianda, cuando se fundó en 1977, hace muchos años. En el programa Fanikisha, nos solemos centrar en mujeres pobres, con pocas oportunidades.
Sí es posible para nuestras mujeres, aquellas que están educadas, que lleven empresas importantes y tengan poder, pero en realidad, suelen ser puestos ocupados por hombres.

Susan Kinyua, durante la entrevista con Mundo Cristiano.
Susan Kinyua, durante la entrevista con Mundo Cristiano.

El programa Fanikisha

—¿En qué consiste exactamente el Programa Fanikisha de Apoyo a la Iniciativa Empresarial de las Mujeres?
—Fanikisha es una palabra en suajili que significa “gran avance”, y eso es exactamente lo que están intentando hacer. Nosotros les enseñamos conocimientos de empresa, mantenimiento de registro, redactar un plan de negocio en condiciones, cómo hacer su marketing, cómo sacar partido el teléfono, buen uso del tiempo… Es un programa muy completo. También hacemos un acompañamiento para cuidar su salud mental, un gran problema hoy en día y les enseñamos higiene y a cocinar, ya que la nutrición es un problema: no saben hacer una dieta equilibrada y completa. En definitiva, es una enseñanza muy completa para la persona es cómo ser mejor: mujer, mejor esposa, mejor madre. Es un programa que realmente cambia a la persona que lo realiza.
Algo significativo de este programa es que nosotros no esperamos a que vengan a donde estamos, sino que nos acercamos con grupos de gente joven y voluntarios, a las zonas donde hay mujeres que necesitan nuestra ayuda, aunque nos cueste una hora ir y otra hora volver.
Nosotros llevamos todo lo que se necesite para enseñarles, les vamos a visitar a sus negocios, a sus casas. Realmente esas visitas tan cercanas y personalizadas son las que marcan la diferencia. Hemos llegado a unos noventa pueblos.
—¿Puede explicar algún caso concreto de alguna beneficiaria de este proyecto?
—Por ejemplo, me acuerdo de una mujer masái, que vino completamente analfabeta, nunca había ido a la escuela. Intenté animarla para que empezara a ir y aprendiera algo, pero no funcionó. Estaba en casa, no tenía nada, lo que es normal. El marido tenía vacas. Ella comenzó a ir las clases que le ofrecíamos. Al cabo del tiempo cambió de las vacas tradicionales que producían uno o dos litros de leche, y consiguió una vaca que podía producír más. Empezó a vender la leche y, al cabo del tiempo, tenía diez vacas. Gracias a eso fue capaz de educar a sus cinco hijos. Eso fue hace 22 años.
Ahora es capaz de cuidarse, construyó hasta pequeñas casas de alquiler. Una mujer masái que actúa así es un gran éxito.

Retos

—¿Se han encontrado alguna vez el problema de que el hombre de la familia no deje a la mujer empezar su negocio o recibir la educación que le ofrecen?
—Ha pasado, pero muy pocas veces. Casi siempre los hombres están felices con que las mujeres vengan y aprendan cosas nuevas. De hecho, durante la ceremonia de graduación, muchos hombres salen y cuentan lo contentos que están con la Fundación Kianda. Dicen cosas como: “Veo que mi esposa está mucho mejor y aporta un poco de dinero a la familia. Hay más paz en casa porque contamos con más ingresos”.
—¿Cuáles son las dificultades que puede enfrentar este proyecto?
—La verdad es que no nos enfrentamos a demasiados problemas. La única vez que recuerdo que tuvimos un reto fue cuando hubo manifestaciones en el país. Era algo político. Hubo disturbios y eso nos dificultaba nuestro trabajo. Otro reto fue durante la COVID—19. No podíamos acudir físicamente a entrenar a las mujeres. Un día nos despertamos y nos indicaron que no podíamos ir porque las escuelas cerradas, y nos teníamos que ir a casa. Esas son cosas que van más allá de nosotros.

Cómo ayudar

—¿Cómo se financia el proyecto?
—Con las donaciones. Sí, eso puede ser un reto, cuando las donaciones no son muy altas tenemos que reducir los números. Entonces, en vez de entrenar a trescientas mujeres entrenamos a doscientas. El punto de inflexión fue durante la COVID-19, porque entonces los donantes tenían dificultades.
—¿Qué podemos hacer aquí en España para ayudar a las mujeres de Kenia?
—Apoyando a Harambee y a otras instituciones que están haciendo proyectos sociales, porque si hay ayudas económicas podemos trabajar y podemos mostrarles el impacto que está teniendo su ayuda. Así que esperamos, aunque sea pequeño, el apoyo de la gente.
En suajili tenemos una expresión que dice: “un poco de cada uno, crea una gran diferencia”. Si un millón de personas dan un euro ya es un millón de euros y eso puede ser una gran ayuda a las personas. Si queremos un mundo mejor, esta es la única manera de hacer este tipo de proyectos.
—¿Cómo se siente al recibir este premio?
—Honestamente, me sentí orgullosa. Pero en realidad este reconocimiento no se trata de Susan, se trata de la Fundación Kianda, y el trabajo que está haciendo, de esas mujeres. El premio se va a destinar a continuar haciendo este trabajo con la fundación.

La Fundación Kianda

La Fundación Kianda nace en 1961 bajo el impulso de san Josemaría, el fundador del Opus Dei, quien, junto a un grupo de mujeres vio la gran necesidad de crear un espacio que ofreciese una educación de calidad donde mujeres de todas las razas, etnias y religiones conviviesen y se pudieran conocerse y apreciarse mutuamente. Durante más de 20 años la fundación ha luchado por mejorar la educación femenina en Kenia. Además, se trabaja en las habilidades profesionales y de liderazgo que permiten a las mujeres crear su propio negocio, aportando estabilidad económica a su familia.
Gracias a las instituciones puestas en marcha por Kianda, más de cien mil mujeres han adquirido habilidades que les han permitido ser independientes.
Entre sus iniciativas a la Fundación Kianda creó el Proyecto Fanikisha para ayudar a mujeres en entornos rurales. Este proyecto busca el empoderamiento integral para que las mujeres puedan adquirir habilidades empresariales que les permitan emprender nuevos negocios para conseguir ser autosuficientes y elevar su autoestima. La gran mayoría de quienes acceden a este programa se encuentran en de extrema pobreza.
Más información en www.harambee.es

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