Cuando el infantilismo espiritual abre la puerta a los abusos

El filósofo francés Fabrice Hadjadj reflexiona acerca de la discristianización de la sociedad y de la crisis de los abusos
Fabrice Hadjadj (Lupe de la Vallina)

El filósofo francés Fabrice Hadjadj (Nanterre, 1971) es uno de los grandes pensadores cristianos actuales. Hijo de judíos tunecinos, militó en la extrema izquierda para acabar convirtiéndose a la fe cristiana. Es autor de numerosos libros, como A mí toda la gloria (Palabra). Acaba de publicar en Encuentro Lobos disfrazados de corderos. Pensar sobre los abusos en la Iglesia. Es toda una reflexión sobre esta lacra. El pensador ha expuesto sus ideas en Madrid, en un periplo que le ha llevado a la Universidad de Navarra en Madrid, donde presentó el libro en el Foro Omnes, y en EncuentroMadrid, la cita anual de Comunión y Liberación.
En una entrevista a COPE y Trece, habló de la descristianización de la sociedad occidental. “Desde el punto de vista político, geopolítico y de desarrollo económico, se ve una gran degradación. Y asistimos también a la desaparición de todas las utopías políticas en Europa”.
“Por eso hoy en día, creo que se espera la esperanza cristiana. No hay que tener miedo a dar testimonio. No hay que pensar que hay que adaptar el cristianismo a la época”.
Para Hadjadj, “hay que ir al encuentro de las personas” e intentar llegar a su corazón. Plantear: “¿Por qué estás aquí? ¿Qué hace que te levantes cada mañana? La pregunta no es si crees en Dios. No, sino qué es lo que haces divino en tu día. ¿El Real Madrid? ¿Te va a salvar el Real Madrid? ¿Te va a salvar eso de la muerte, de la injusticia, de tu pecado, de tu angustia?”. Hay que ir más allá: “¿Cuál es pues el sentido de todo? ¿Por qué no te pegas un tiro en la cabeza?”. “Hay que ir hasta eso -añade-. Entonces llegamos hasta el corazón del problema. Y ahí hay un lugar para el anuncio del Evangelio. Llegamos a un punto donde un corazón se encuentra con otro”.
Más aún, “significa plantear preguntas que son duras. Anunciar la buena nueva de la esperanza. Obligar a la persona a ir hasta el fondo en este mundo utilitario. Ir hasta las preguntas esenciales”.

Abusos en la Iglesia

En sus intervenciones, el filósofo ha hablado de los abusos en la Iglesia, lacra a la que dedica su libro. No tanto la cuestión sexual, que es un delito evidente. Así, piensa que “hay que distinguir la justicia humana, en la que hay víctimas y culpables, donde la verdad se tiene que poner de manifiesto, y ser juzgada por tribunales civiles y eclesiásticos, aplicando el Derecho Canónico”.
Pero distingue otro nivel, que es “el sentido espiritual de estas cuestiones”. Al preguntarse qué es lo que ha hecho posible estos abusos acusa a cierto tipo de espiritualismo. El pensador parte de la base de que hay que conocer, ante todo la realidad humana presente en la historia de la Salvación. “Dios ha querido salvarnos pasando a través de los hombres, y ha querido pasar por la fragilidad de la miseria humana para comunicar su misericordia. Es una generosidad inaudita, pero es un riesgo también. Eso quiere decir que los hombres pueden abusar de ese don de Dios”. El filósofo menciona que la Biblia no deja de hablarnos de esta historia. “La Biblia empieza por el don de Dios, el jardín del Edén, y el hombre abusa del Edén”. Así, “tenemos personajes que reciben un don de Dios, se enorgullecen de ello y que vuelven a caer en la idolatría y abusan de su entorno”. El ejemplo claro es el mismo rey David.
“La Biblia nos habla todo el rato de eso. Por eso estos abusos nos muestran la verdad de la revelación. Siempre nos ha prevenido de esta posibilidad”.
Más allá de esta realidad, Hadjadj crítica una cierta espiritualidad mal interpretada: “A partir de Santa Teresita de Lisieux se ha desarrollado una espiritualidad de la infancia pero entendida como un infantilismo, como una falta de responsabilidad”.
En realidad, “el cristianismo, antes de ser una espiritualidad de la infancia lo es de la filiación. Hemos recibido la gracia adoptiva de la filiación, pero un hijo puede ser adulto, responsable. Debe serlo”, afirma.
De este modo, “un hijo puede ser padre. Tendré la impresión de haber cumplido mi tarea de padre si mi hijo se convierte también en padre. El término hijo implica responsabilidad y relación, mientras que ‘niño’, ‘infante’ designa un estado que no tiene que ver con ninguna relación ni responsabilidad. El niño está en una situación de tutela”. Por eso, para el filósofo, cuando se cae en una espiritualidad infantil, “uno va a buscar un maestro espiritual para quitarse la responsabilidad, y acaba cayendo en manos de charlatanes. Eso abre la puerta a todos los abusos”.
“Tenemos pues que recuperar una verdadera espiritualidad filial. Somos hombres maduros para juzgar, y donde nadie puede sustraerse a su relación con Dios”.

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