Si me diera la vida, que no me da, me gustaría escribirte con más frecuencia. Porque lo que tiene que hablemos de mes a mes, es que algunas cuestiones han pasado a la historia, con minúscula. Esto es, que pueden haber perdido actualidad.
Y ahora el director de esta revista me dirá –y con razón-: según de lo que escribas.
Hoy quiero escribirte (en parte) de algo que muchos no sabréis, a otros quizás os dé igual, y para otros sea una menudencia.
Para muchos, que Osasuna le haya metido (en concreto fue ayer sábado, te escribo un domingo) cuatro goles al Barcelona, no debería pasar ni a la historia (con minúscula). Otros en cambio pensarán que a veces con 3 puntos abajo o 3 puntos arriba se gana o se pierde una liga.
Desde aquí, mis respetos a los culés; pero nuestra obligación (aunque yo no jugaba) era ganar. Y lo hicimos. Osasuna sólo hizo lo que debía. No siempre ocurre… Decía Zabalza, un gran entrenador rojillo (y buena persona), que “cuando nos confiamos, somos muy malos”.
Pues eso: que ayer no nos confiamos (¡cualquiera lo hacía ante el líder imbatido!) y fuimos muy buenos.
En mi casa no tenemos plataforma de pago en la tele, así que me fui enterando por whatsapp (al principio). Lo dejé con un milagroso dos a cero, cuando mi mujer me planteó que rezáramos el rosario (no por Osasuna, claro).
Tras ello, reanudé mi interés por los rojillos y ya seguí el partido a medias entre Twitter (ahora X) y la radio. Con los nervios a flor de piel, porque en el fútbol no siempre lo que bien empieza bien acaba. El caso es que ganamos 4 a 2.
Dos de los goles los marcó Ante Budimir. Un joven croata que nos viene dando muchas alegrías a los navarros. Un tipo de una pieza.
Esta mañana, al mirar mi whatsapp leía a una de mis hijas, que vive, como yo, en Pamplona: “Hemos ido a misa de 9.30 y ahí estaba Budimir, como un campeón”.
Y otro hijo le respondía: “Después de meterse dos goles contra el Barça. Crack”.
Nótese que el gran Budimir no habría llegado la víspera a su casa antes de las 12 de la noche, porque el partido Osasuna-Barcelona empezaba a las 21.
Pero a las 9.30 de la mañana siguiente, Budi ya estaba en la iglesia, cumpliendo gustosamente con su “deber dominical”. Seguro que él no lo sentía como un imperativo; y seguro que estaba también para dar gracias.
Es lo que tiene “el trabajo bien hecho”; que cuando lo hacemos –lo que no siempre ocurre- hemos de dar gracias, porque –como decía Messi- nuestras “habilidades” son un don, han sido recibidas, nos las ha puesto el Señor para que ayudemos a servir a los demás y a hacerlos felices.
Me gusta saber que hay tipos como ellos, que, sin alharacas, dan testimonio o predican el Evangelio sin decir palabra.
O diciéndola, como hace sin ir más lejos el entrenador de la selección española de fútbol, Luis de la Fuente. Don Luis, que para nada esconde su condición de católico practicante. Ni escurre el bulto cuando ello se convierte en noticia. Lo confirma con naturalidad y sin pudor.
Algunos pensarán que estos no son buenos tiempos para que sepan que uno cree en que Jesús es el Hijo de Dios y en todas las demás cosas que algunos recitamos en el Credo. Y, sin embargo, no sólo son muy buenos tiempos, sino que probablemente son los mejores y bien necesarios.
La mejor predicación (lo decía San Francisco de Asís) es el testimonio. La gente tiene más sed de la que creemos, o de la que afirma tener, y noticias como las de Budi en misa (jamás se le habrá pasado por la cabeza que de esto alguien fuera a hacer noticia) nos refrescan y dan moral… Como sus cuatro “chicharros” al Barça.
¡Gracias, Budi, por ser como eres!
Fake medieval
Mi camino hacia el Occidente asturiano no lo hago por Lugo sino por León. A veces, con buen tiempo, atravieso Pajares, una opción tortuosa pero