‟La ideología woke es la protesta, sin proponer soluciones”

El profesor Pablo Pérez analiza cómo la revolución de 68 ha triunfado en la cultura actual, marcada por el individualismo

El famoso personaje de La Sirenita interpretada por una actriz negra. Profesores que son sancionados en la universidad por cuestionar la ideología de género. Políticos que usan expresiones forzadas como “todos, todas y todes”. Tres manifestaciones entre tantas, de lo que se conoce como cultura “woke”, una expresión que se refiere a la conciencia y la acción sobre las injusticias sociales y la desigualdad, que podría identificarse de alguna manera con “activismo rebelde”. Es quizá el mayor desafío cultural actual pues permea las leyes y la vida cotidiana.
El profesor Pablo Pérez López, director del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, acaba de publicar De mayo del 68 a la cultura woke (Palabra) donde relaciona esta ideología con sus raíces: la revolución de mayo del 68. Habla con Mundo Cristiano del que sea posiblemente el principal desafío intelectual de nuestros días.
Manifestaciones Black Lives Matter, la campaña #MeToo, el feminismo militante, las cuotas de diversidad (racial y de tendencia sexual) en el cine, las revisiones de la historia… Son rasgos de la cultura contemporánea con las que cada día nos encontramos y que obedecen a la definición de “cultura woke”. “Woke” es una palabra derivada del inglés que originalmente significa estar despierto, pero en el contexto actual, implica representar una conciencia sobre problemas de justicia social, racial, de género y de identidad.

—Mayo del 68 comienza en Berkeley y, luego, en París. ¿Dónde comienza la cultura woke? ¿Hay algún momento significativo?
—Lo woke tiene su explosión a finales de los años 90 en las universidades americanas, aunque ya desde los años 80 en algunas se están desarrollando lo que luego se llamarán las teorías críticas, que son una base intelectual que va sirviendo de acomodo a estas nuevas ideas. También es una importación de Europa.
Gran parte de la ideología woke está basada en pensamientos de un sociólogo francés, Pierre Bourdieu. Hay un ciclo que se retroalimenta de ideas, acciones, idas y venidas de un lado y del otro del Atlántico. Pero en sí la ideología woke es una creación más universitaria que otra cosa.

Un grupo de mujeres gesticulan en apoyo al movimiento #MeToo, durante el Festival de Cannes de 2024.


—Lo que entendemos como el mundo woke es muy amplio. ¿Puede definir algunas de sus características?
—Existen diferentes teorías críticas, pero en lo que coinciden es que es gente que cree que para mejorar el mundo hay que denunciar el mal continuamente, señalando aquello que se hace mal, en lugar de promover el bien.
Es gente que pone la mirada más en la víctima, en el que ha sido sujeto de una injusticia, que en el héroe, el que ha sido capaz de crear una novedad de alguna manera superadora de vicios anteriores, o en algunos casos, incluso, redentora.
Esa es una clave, porque justamente lo woke nace de una generación de gentes que protestan contra lo que han hecho sus padres y las generaciones anteriores, y denuncian, pero sin ninguna propuesta de solución.
Esto emparenta, a mi manera de ver, la ideología woke con mayo de 68. Aquel fue es un movimiento de denuncia, o la contracultura americana de los años 60, que no tiene unas propuestas constructivas claras, porque lo que hace es decir: hay minorías que han sido maltratadas, y se empieza a hacer la lista. Así, las mujeres, los homosexuales, las razas que no son la blanca en Estados Unidos, etcétera.

Una sociedad opulenta

—¿Se puede decir que el 68 —y lo woke— es, en cierto modo, una expresión de hastío de una sociedad opulenta?
—El 68 es efectivamente una cierta manifestación de hastío, de aburrimiento, por parte de una sociedad que está satisfecha, que tiene solucionadas sus necesidades más inmediatas. Eso en parte es verdad, pero también es una manifestación de incomodidad.
Ambas consideraciones van unidas, y ese es el atractivo que tiene tanto la revuelta del 68, como la ideología woke: que denuncian cosas que realmente son indignas. En algunos motivos para rebelarse pueden tener razón.
Es verdad que había racismo en Estados Unidos, y que lo sigue habiendo a veces. Es verdad que hay más violencia de la que nos importa, y que falta paz en el mundo.
Es verdad que la mujer ha sido, a veces, relegada y ha habido una falta de valoración de lo que era la aportación femenina en muchas cosas. Es verdad también que la actitud ante algunas cuestiones sexuales era meramente represiva en ocasiones y no se tenía una mentalidad constructiva.
Todo ello es verdad. Negarlo sería absurdo e iría contra un principio fundamental que es la verdad, que nos permite avanzar cuando la conocemos y nos hace más libres.
—Pero entonces…
—Lo que no es verdad es lo que ahora hacen: pensar que mediante la mera acusación a quienes son los culpables (y que curiosamente son siempre los demás) con eso se puede mejorar el mundo. A base de la pura denuncia no se mejora el mundo. Si no, acabas incurriendo es una especie de mentalidad que tiene que ver con la mentalidad acusatoria que es propia del diablo, de Satán, que significa “el acusador”.
Es verdad que los hombres hacemos muchas cosas mal, incluso las mujeres también… Pero la cuestión es cómo podemos hacerlo bien.
Y segundo, en el cristianismo, incluso en el pensamiento judío también, es muy importante reconocer que la responsabilidad del mal es personal y es propia. Esto es lo que en la cultura woke, al haberse eliminado ese sentido del mal personal, convierte toda esta cadena de denuncias en un sinsentido antropológico y, andando el tiempo, en un sinsentido social también.

La cuestión sexual

—¿Hasta qué punto se puede decir que en el centro de la cultura woke, y sobre todo en el 68, está la revolución sexual, la trivialización de las relaciones?
—Es una de las manifestaciones de esta cultura, y es central en la transmisión del mensaje. Porque lo que más cambió en los años 50, 60, en la cultura y la sociedad americana fue el modo de comportamiento sexual, y la actitud ante el sexo con la aparición de la píldora anticonceptiva.
Esto provoca que los modos de vida se transformen, y de ahí viene la gran expansión de la influencia cultural del 68 y su herencia. Precisamente por eso es un elemento central. No el único. Pero es un elemento clave. Afecta a la vida corriente de la gente, y a la raíz misma de la transmisión de la vida.

Imagen icónica de una manifestación en París, en mayo del 68.


Luego vienen temas añadidos, cuando la contracepción se convierte en algo que se empieza a considerar un derecho. Y de alguna manera, el aborto se empieza a considerar como una suerte de necesidad para combatir una cosa indeseada, que sería la concepción indeseada. Entonces, las dos cosas empiezan a unir, que es el sexo irresponsable justificaría el aborto.
—Tanto en el mayo del 68 como la cultura woke, se propone la transgresión y, en cierto modo, una libertad sin ataduras. Pero al final, acaban defendiendo la censura y cierto puritanismo. ¿Cómo se puede llegar de una libertad sin límites a un puritanismo?
—Eso es verdad, y es un riesgo que los hombres siempre llevamos con nosotros. Yo, para no cargar demasiado las tintas contra ellos solo, diría que esto también a veces nos ha ocurrido a los cristianos. Somos los difusores de la religión de la libertad. Sin embargo, por el afán de defender la verdad religiosa, a veces hemos caído en el error de condenar, como sistema de defender esa verdad. Mediante esa condena se pretendía arreglar la situación.
Eso ha ocurrido en algunos momentos del cristianismo y se ha pedido perdón por ello. Pero en esto incurre de una manera más exagerada esta suerte de nueva religión woke.
—¿Cómo?
—En el momento en que dejan de permitir que el acceso a la verdad sea una cuestión de razones, sino que ellos definen, mediante la revolución que han hecho, cuáles son las verdades que no se deben discutir, establecen una suerte de “elenco dogmático”, muy estrecho, que según ellos es la línea de defensa fundamental frente a la injusticia.
Se vuelven extraordinariamente intolerantes, porque no pueden aguantar el mal en ese sentido. Por eso se pueden comparar con actitudes que a veces ha tenido la defensa de la verdad en el cristianismo.
Pero aquí es ridículo, porque es una pura creación humana, no es nada que proceda de ninguna revelación, y se hace encima en nombre de la defensa de las libertades. Esto procede de una cuestión que envenena todo el asunto y es pretender que la libertad individual sea la medida de toda la vida social, porque es un sinsentido, porque justamente se está oponiendo a la vida social, porque la vida social requiere que haya una serie de cesiones por parte de unos u otros para que pueda haber convivencia.
Se aprende a hacer eso en la propia familia. Pero si se reduce todo lo humano, a la pura libertad individual y a la defensa de las libertades individuales, y a la pura autodeterminación personal, ya no se puede prácticamente razonar sobre el asunto, y lo único que se puede hacer es establecer preceptos.
Alejados del razonamiento, alejados también de la revelación o del conocimiento por revelación de lo que tiene que ser el hombre, lo único que queda es “yo te voy a decir a ti qué es lo que puedes admitir y qué es lo que no”.
La anulación de las libertades sociales viene de la exageración de las libertades individuales. Es una cosa curiosa. Pero es que en el momento en que separas la libertad de la verdad, vas camino de imponer cosas arbitrarias.
—¿Puede decirse que lo woke es puro individualismo, en cierto modo un egoísmo?
—En efecto, es puro individualismo, que para tener cobertura social define grupos e identidades grupales para su defensa. Entonces, de aquellos que se identifican como homosexuales sale la defensa grupal de la homosexualidad; de aquellos que se definen como indígenas sale la defensa global del indigenismo; de aquellos que se definen como mujeres sale la defensa global del feminismo, etc.
La cuestión es cómo se definen los grupos, y se definen con el ejercicio de la libertad individual. Acaba llegando una contradicción. ¿Acaso puedes moverte de un grupo a otro? Y llega lo de los trans, que entran en contradicción con algunas feministas. ¿Por qué? Porque como la definición está hecha a partir del puro capricho, de la pura capacidad de autodeterminación, el problema que tienes es qué hay después de la autodeterminación.

La cuestión religiosa

—¿Qué tiene que ver la religión en todo el auge del mayo del 68 y de la cultura woke?
—Hay como dos relaciones. Por un lado está la quiebra que se produce dentro de la Iglesia por una extraordinaria mundanización, o una secularización de la vida religiosa. En el afán de dialogar con el mundo lo que hacen es empaparse de vida mundana.
Así, para los que interpretan el concilio Vaticano II como un puro diálogo con el mundo, que es un rendirse a los criterios mundanos, dejan completamente indefenso al creyente frente a las modas del momento. Es más, sería un deber del creyente adaptarse a las modas. Esto es una quiebra tremenda.
¿Cuál es el lugar donde mejor se aprecia esa quiebra? En la falta de coraje para hablar de la contracepción como un mal. Pablo VI tuvo el coraje de hacerlo y hubo muchos que dijeron que estaba equivocado. Por ahí viene también una conexión con la cuestión sexual.
—¿Y la segunda relación?
—En cómo se empapa la nueva ideología de criterios que son propios de las religiones. Hay un libro que hablaba de mayo de 68 como una Pentecostés sin el Espíritu Santo. Es la idea de que estamos consiguiendo una transformación del mundo, la verdadera transformación del mundo, con una voluntad puramente humana.
Esto sencillamente es imposible. Para los hombres, la esperanza en Dios es el fundamento de lo mejor a lo que podemos esperar. La secularización de la esperanza conduce a un gran fracaso. Lo que conduce es a la inversa de Pentecostés: no sólo no se entienden los que hablan lenguas diversas, sino que cada vez se entienden menos, y cada vez están más separados.
Porque el núcleo que puede unir a los hombres en la religión, en el cristianismo, es el cimiento de la caridad de Jesucristo que el Espíritu Santo difunde en nuestros corazones. Esa es la gran novedad que cambia. Y eso no lo puede hacer una revolución puramente humana.

En el centro, la libertad

—De algún modo, ¿en el centro de todo esto podría estar el concepto de libertad?
—Sí. Es algo que viene de siglos atrás. Mirado desde el punto de vista del prisma puramente humano, la cuestión es si tiene límites la libertad humana.
Y claro, como todo en el ser humano, todo es limitado.
Pero el hombre de Estados Unidos en los años 60 afirma lo contrario. Lo dice incluso John Fitzgerald Kennedy en un discurso donde dice que no hay problema creado por el hombre que el hombre no pueda solucionar. ¡Falso, de toda falsedad!
Este es nuestro gran problema, que nosotros podemos hacer el mal, pero no le podemos poner remedio, una vez hecho. Necesitamos un redentor.
El reconocimiento de que no sabemos qué hacer con el mal cuando lo cometemos, es algo que se ha perdido.
Hay una utopía, sobre la libertad y sobre los logros del capitalismo y de la cultura moderna, que va por este lado. Es como si nosotros pudiésemos todo porque somos perfectamente libres y capaces técnicamente. Eso es un error.
—¿Cómo puede hacer uno frente a la cultura woke? ¿Cómo “defenderse”?
—Hemos llegado a la ideología woke en gran parte, como consecuencia de un mal entendimiento de lo que es la libertad. Una prioridad es usar bien la libertad. Cultivar la propia libertad y la de los demás, con buen sentido y poniéndola en relación siempre con la verdad. Estar abierto a la verdad, no estar como predeterminado.
Un segundo asunto clave es entender que el individualismo cerrado nos ha hecho un daño tremendo. Huir del individualismo cerrado, considerarnos seres relacionales, vinculados a los demás. De ahí, por ejemplo, la importancia que tiene el cuidado de la vida familiar, el dedicarnos tiempo, el perder tiempo con los demás, el no pensar en términos de pura productividad personal, el pensar en el proyecto de la propia vida como ligado a otros, son asuntos que te alejan completamente de la ideología woke.
En la práctica, saber querer a los demás, saber amar, es fundamental para huir de todo esto, porque es lo que más te revela la verdad acerca de ti mismo. Si sabes querer a Dios, todavía mejor. Reconocerte querido por Dios y saber querer a Dios, eso te libera de una manera que no puede conseguir ninguna ideología, porque te saca de la limitación, justamente, pero por la buena vía.

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