El inicio del año 2026 está marcado por una gran cantidad de estrenos cinematográficos y series de televisión. Ya sean películas de terror, comedias o series, el espectador se enfrenta a una oferta inmensa. No se trata de censurar o prohibir ciertos contenidos, sino de tomar conciencia de lo que consumimos cultural y espiritualmente. Detrás de cada película, libro o producción artística, existe una parte de verdad e influencia, a menudo invisible.
Detrás de las películas: la realidad oculta
Las películas de terror, especialmente aquellas que incluyen magia o elementos sobrenaturales, nunca son “solo entretenimiento”. Pocos espectadores lo saben, pero algunas producciones recurren a verdaderos practicantes para ayudar a los actores a meterse en sus papeles. Durante un rodaje con magia, los actores pueden verse implicados en rituales o invocaciones, no como un juego, sino como parte de creencias reales. Estas prácticas rara vez se hacen públicas, para no afectar la imagen de la película o sorprender al público.
Como cristianos, es fundamental mantener la vigilancia espiritual frente a estas representaciones. Las prácticas ocultas no son inocuas y no deben confundirse con simples efectos dramáticos.
La brujería, una religión reconocida
La brujería es una religión con sus propias raíces, creencias y simbolismos. Conocer estos fundamentos ayuda a discernir las influencias presentes en la cultura popular. Dos obras de Jesús María Silva Castignani aportan claridad:
- El cielo contra el infierno. Miguel y Lucifer, donde Jesús María Silva utiliza un lenguaje simbólico para explorar la lucha entre ángeles y demonios desde la creación hasta hoy. El autor permite al lector comprender verdades que las religiones monoteístas enseñan de manera implícita.
- La venida del Anticristo. Los signos del fin, donde Jesús María Silva estudia los signos de los tiempos y el papel del Anticristo según la Biblia, la Tradición y el Magisterio. Este libro subraya la importancia de la vigilancia, el estudio y la oración para comprender los eventos finales y permanecer fieles a la verdad cristiana.
Estas obras nos recuerdan que el mal existe, actúa en el mundo y, a veces, puede manifestarse incluso en obras culturales, muchas veces sin que lo notemos.
La vigilancia cristiana ante los contenidos mediáticos
Ver una película no es en sí mismo un acto malo. Tenemos libertad para disfrutar de obras artísticas. Sin embargo, es importante informarse sobre su contexto, sus orígenes y su alcance espiritual, de manera en protegernos. No se trata de un miedo supersticioso, sino de un discernimiento iluminado: saber qué puede afectar nuestro corazón, nuestra mente y nuestra fe.
En un mundo donde las influencias ocultas o dañinas pueden infiltrarse en la cultura popular, la vigilancia se convierte en un acto de amor hacia uno mismo y hacia los demás. También es una manera de mantenerse firmemente anclados en la verdad cristiana.
La certeza de la fe
Al final, ninguna película, libro o serie puede reemplazar lo fundamental: solo Jesucristo salva. Solo Dios Padre es el origen de todo lo que existe, y solo la Santísima Trinidad permanece eternamente. La cultura y el entretenimiento pueden abrir puertas, pero no reemplazan la oración, los sacramentos y la vida espiritual.
Los estrenos cinematográficos de 2026 representan una oportunidad: la de reflexionar sobre lo que vemos, discernir las influencias espirituales presentes en la cultura popular y fortalecer nuestra vigilancia cristiana. La libertad de ver y disfrutar una película permanece intacta, pero debe acompañarse de conocimiento, discernimiento y fe. Solo la oración, la vida sacramental y la fidelidad a Dios garantizan que no nos dejemos arrastrar por fuerzas invisibles o engañosas.



