Cuando el peligro entra por el Wi-Fi: La ciberseguridad y familia en la era digital

Manos iniciando sesión en un ordenador, con una pequeña llama como metáfora de alerta o vulnerabilidad en el entorno digital.

Pedro Sánchez anuncia que España prohibirá el acceso a plataformas digitales a menores de dieciséis años. Según el presidente, se trata de una medida urgente para garantizar que las redes sociales sean un espacio sano y democrático, recuperando cierto control sobre la gobernanza digital de cara a las generaciones venideras. Esta decisión subraya la creciente preocupación por la protección de los menores en el entorno digital y la necesidad de combinar políticas públicas con educación familiar.

La escena es cotidiana: un niño con una tablet, un adolescente pendiente del móvil, padres trabajando desde casa y abuelos recibiendo mensajes por WhatsApp. El hogar moderno está completamente conectado. Sin embargo, mientras la tecnología se ha integrado con naturalidad en la vida familiar, la protección frente a los riesgos digitales no siempre ha seguido el mismo ritmo.

Hoy, la ciberseguridad ya no es un asunto exclusivo de empresas, gobiernos o expertos informáticos. Se ha convertido en un desafío doméstico, silencioso y transversal, que afecta a todas las generaciones. Fraudes online, suplantaciones de identidad, ciberacoso, estafas dirigidas a personas mayores o la exposición excesiva de menores forman parte de una realidad cada vez más frecuente.

Un hogar digital conectado… pero poco preparado

En las últimas dos décadas, especialmente tras la pandemia, la digitalización del hogar ha crecido vertiginosamente, haciendo que educación, trabajo, compras y ocio dependan de dispositivos conectados; sin embargo, muchas familias aprenden primero a usar la tecnología y solo después a protegerse, lo que explica la efectividad de técnicas como el phishing o las estafas emocionales. La ciberseguridad familiar no requiere conocimientos avanzados, sino hábitos y sentido común: decidir qué se comparte, cómo se configuran los dispositivos, controlar el tiempo frente a las pantallas y hablar de estos temas en casa.

Cada acción en Internet deja rastro: fotos, comentarios, búsquedas o datos en aplicaciones construyen una identidad digital que puede permanecer años, y protegerla es un reto especialmente para los menores. La privacidad sigue siendo abstracta para muchos; compartir una imagen, aceptar una solicitud o descargar una app puede parecer inocuo, pero tener consecuencias. Por eso es clave enseñar a pensar antes de publicar, configurar correctamente la privacidad y desconfiar de desconocidos, siempre desde el cuidado y la educación, acompañando a niños y adolescentes para desarrollar pensamiento crítico y autonomía responsable.

Dispositivos, contraseñas y redes: la primera línea de defensa

Ordenadores, móviles, tablets, televisores inteligentes, relojes conectados, asistentes virtuales o cámaras domésticas forman parte del ecosistema digital del hogar. Cada uno de ellos puede convertirse en una puerta de entrada si no se configura adecuadamente. Contraseñas débiles, sistemas sin actualizar o redes Wi-Fi mal protegidas siguen siendo algunos de los errores más comunes. Cambiar las claves por defecto, activar bloqueos de pantalla, actualizar aplicaciones y revisar permisos son medidas sencillas que reducen significativamente los riesgos.

El control parental, por su parte, genera debate. Utilizado como herramienta de acompañamiento —y no de vigilancia— puede ayudar a establecer límites saludables, siempre que vaya acompañado de diálogo y ejemplo. La tecnología, por sí sola, no educa.

Lejos de los estereotipos, las víctimas de la ciberdelincuencia no responden a un único perfil. Los menores pueden verse expuestos al ciberacoso, al grooming o a retos virales peligrosos; los adultos, a fraudes económicos o robos de identidad; los mayores, a estafas diseñadas específicamente para aprovechar su menor familiaridad digital. La prevención pasa por la información y la confianza. Saber reconocer un mensaje sospechoso, no actuar de forma impulsiva y pedir ayuda a tiempo son factores clave. Cada vez existen más recursos institucionales y líneas de apoyo que orientan a las familias ante incidentes digitales.

Redes sociales: educar para convivir en lo digital

Las redes sociales son el principal espacio de socialización digital, especialmente entre adolescentes. En ellas se construyen identidad, pertenencia y reputación. Por eso, el acompañamiento adulto resulta fundamental. Más allá de la edad legal para abrir un perfil, la cuestión central es la madurez digital. Aprender a gestionar contactos, a denunciar abusos, a no compartir imágenes sin consentimiento y a reflexionar antes de publicar son habilidades necesarias para una convivencia sana en Internet.

Prohibir sin explicar suele generar incomunicación. En cambio, cuando existe confianza, los menores tienen más probabilidades de acudir a los adultos ante situaciones incómodas o peligrosas.

Uno de los grandes errores es abordar la ciberseguridad solo cuando surge un problema. La protección digital funciona mejor cuando se integra en la rutina familiar: revisar dispositivos juntos, hablar periódicamente de riesgos, actualizar sistemas o acordar normas de uso. Algunos enfoques educativos comparan la ciberseguridad con la higiene: no es un evento puntual, sino un hábito continuo. Se aprende con el ejemplo, la repetición y el refuerzo positivo.

Cuando la familia se convierte en el mejor firewall

En un contexto digital cambiante, la tecnología seguirá evolucionando más rápido que las normas y las soluciones técnicas. Frente a ello, la familia sigue siendo un espacio privilegiado de educación y protección. La confianza, el diálogo y la formación compartida son las mejores defensas frente a los riesgos digitales. No se trata de vivir conectados con miedo, sino con criterio.

En este sentido, obras divulgativas como Ciberseguridad en familia, de Fernando Mairata, aportan una visión práctica y accesible sobre cómo integrar la seguridad digital en la vida cotidiana del hogar. No como una obsesión técnica, sino como una responsabilidad compartida que permite disfrutar de la tecnología con mayor tranquilidad.

Compartir:

Otros artículos de interés

Tolkien, Lewis y Chesterton, en Barcelona

El IV Congreso “Fe, Arte y Mito” se celebrará por primera vez en España, en octubre, con sede en la Universitat CEU Abat Oliba de Barcelona y se centrará en los tres autores británicos

CATEGORÍAS

Newsletter

Recibe nuestra newsletter con los últimos contenidos de la revista

Introduce aquí tu dirección de email