Los agricultores toman las calles: ¿es tan malo el acuerdo con Mercosur? ¿Cuáles son los riesgos?

Los agricultores toman las calles: ¿es tan malo el acuerdo con Mercosur? ¿Cuáles son los riesgos?

Un mercado más amplio da la oportunidad a los agricultores de vender sus productos a más clientes potenciales. Pero también llena los estantes de los supermercados con materias primas que se han producido en condiciones menos exigentes y con salarios más bajos.


En el año 1703, Inglaterra y Portugal firmaban el Tratado de Methuen, conocido como el primer acuerdo comercial de la historia y también llamado el Tratado de los paños y el oporto. Con un cierto afán de molestar a la aún poderosa España, los portugueses creyeron estar haciendo su agosto al garantizarse todo el paño británico que necesitaran a cambio del buen vino que producían sus tierras.

Pero la jugada le salió muy mal al país vecino. Al poco tiempo de arrancar el acuerdo, se dieron cuenta de que ellos se quedaban sin vino de Oporto y no podían satisfacer las necesidades británicas mientras que el paño inglés se abarataba cada vez más, fruto de los avances de la revolución industrial. Perdieron tanto en el acuerdo, que aún hoy, buena parte de las grandes marcas de vino portugués conservan los nombres británicos de los bodegueros que acabaron por comprar el negocio cuando el Tratado de Methuen demostró su ineficacia para los lusos.

El problema de los acuerdos comerciales es que benefician a algunos al tiempo que perjudican a otros y que es difícil medir su impacto en el tiempo con condiciones cambiantes. El problema que ha sacado a la calle a los agricultores europeos durante toda esta semana y que ha puesto de manifiesto las diferencias entre la Comisión y el Parlamento Europeo radica en que un mercado mayor quizá incida de manera positiva en una bajada de precios de productos básicos para un número elevado de ciudadanos e incluso ayude a algunos productores europeos a aumentar su mercado, como ocurrió con el vino de Oporto que hoy aún consumen habitualmente los ingleses , pero es muy probable que, a corto plazo, desbarate las posibilidades comerciales de agricultores europeos que, por el exceso de legislación nacional y comunitaria, producen a costes mucho más elevados que los sudamericanos.

Protesta por los costes

Los agricultores europeos protestan porque no pueden producir en igualdad de condiciones con sus homólogos iberoamericanos. Sometidos a las abrumadoras normativas comunitarias de protección del medioambiente, limitaciones en el uso de fitosanitarios, exhaustivo control de los antibióticos en ganadería, estrictas normas en el embalaje, un tomate almeriense o unas frambuesas francesas son mucho más caras de producir. Si a esto se le suman las legislaciones nacionales en materia de trabajo, con salarios mínimos regulados muy elevados y cotizaciones sociales que, en el caso de España, casi duplican el sueldo percibido, el coste de producción se dispara.

Si bien es cierto que el acuerdo firmado –aún no ratificado por el Parlamento Europeo y pendiente de revisión judicial pro su posible colisión con la normativa comunitaria– beneficiará a algunos agricultores y ganaderos de productos muy específicos, otros muchos ven en esta irrupción de Mercosur un riesgo grave para ellos porque la mayor parte de la competencia se basa en el precio.

La seguridad alimentaria

Tampoco los ciudadanos comunitarios son ajenos a la polémica. Además de apoyar a los agricultores, surge la duda de por qué no pasa nada por consumir productos de primera necesidad que no cumplen con igual rigor con las exigencias sanitarias que se exigen a los que se producen en suelo europeo. Por no entrar en el debate del cambio climático y el escaso control de los niveles de polución y utilización de químicos que hay en algunos de los países que van a acceder a los mercados europeos.

Es cierto que los acuerdos establecen límites muy claros de importación a Europa en determinados productos y que su aplicación será progresiva. Por ejemplo, se establecen cuotas para productos sensibles como carne de vacuno, avícola, miel y azúcar, que limitan las importaciones al 2% del consumo de la UE. También es cierto que el acuerdo con Mercosur va mucho más allá de la agricultura y la ganadería e incluye otros sectores en los que Europa saldrá beneficiada.

Sin embargo, en un escenario geoestratégico tan inestable como el actual, no son pocas las voces que consideran que cualquier elemento que ponga en riesgo el sector primario europeo y genere dependencia del exterior supone un problema más ante un eventual conflicto internacional que interrumpiera los flujos económicos tal como los conocemos hoy.

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