¿Qué papel le corresponde a la Iglesia para ayudar a resolver la crisis de Venezuela?

¿Qué papel le corresponde a la Iglesia para ayudar a resolver la crisis de Venezuela?

¿Qué papel le corresponde a la Iglesia para ayudar a resolver la crisis de Venezuela?

La Iglesia no debe ser un actor político y, sin embargo, tiene que erigirse como referente moral que subraye la importancia de la dignidad de cada persona y la defensa de la vida y la libertad. El papa León XIV ha recibido a la premio Nobel de la Paz María Corina Machado, y líder del partido opositor Vente Venezuela, y sigue con gran preocupación la evolución de esta crisis.

A penas habían pasado unas horas desde que las fuerzas armadas americanas entraran en Caracas y se llevaran detenido a Nicolás Maduro y a su mujer, cuando el papa Francisco mostraba su preocupación por la situación en Venezuela durante el rezo del Ángelus y animaba a toda la comunidad cristiana a rezar por “el bien del amado pueblo venezolano”.

A veces es difícil comprender qué papel puede jugar la Iglesia católica en el devenir de los acontecimientos políticos tanto en el plano nacional como en el internacional, pero la Doctrina Social de la Iglesia es clara al respecto. Su labor, como faro para la comunidad cristiana y para el conjunto de la humanidad, se basa en la defensa de los principios de solidaridad, subsidiaridad y bien común.

En el Compendio de la Doctrina se explica que “para resolver los conflictos que surgen entre las diversas comunidades políticas y que comprometen la estabilidad de las Naciones y la seguridad internacional, es indispensable pactar reglas comunes derivadas del diálogo, renunciando definitivamente a la idea de buscar la justicia mediante el recurso a la guerra” (Compendio, 438), por eso la principal preocupación tanto del Papa como de los obispos venezolanos es la defensa del pueblo de Venezuela.

La razón es clara. La Iglesia tiene “la libertad de expresar su juicio moral sobre estas realidades [políticas], cuantas veces lo exija la defensa de los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas” (Compendio, 426). Y de ahí que diversas autoridades de la Iglesia puedan y deban dar su consejo respecto a lo que ocurre en Venezuela.

Por eso, el Papa, el mismo día 4 de enero, indicaba que “debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica”.

Los obispos venezolanos pedían a los fieles “serenidad, sabiduría y fortaleza”, tres virtudes especialmente necesarias en un momento de absoluta incertidumbre en el que, cualquier paso en falso, puede derivar en una escalada de violencia, por el volumen de armas que obra en poder de la población venezolana.

Si la Iglesia promueve el diálogo es la vía para resolver los conflictos, es lógico que, en numerosas ocasiones, se haya ofrecido como mediadora en confrontaciones políticas. Eso no implica un papel como agente, sino, al contrario, una labor encomiable para evitar la violencia.

Y en ese papel de promotora del diálogo, la Iglesia escucha. Por eso, este 12 de enero, el Papa León XIV recibió la líder venezolana y premio Nobel de la Paz María Corina Machado.

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